Al banquillo la crítica

Por Myryam Bautista

Concurrido e interesante encuentro propició CBCine en el marco de la edición 59 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias – FICCI

Con lleno hasta las banderas, en la librería Ábaco de la Cartagena amurallada, durante hora y media se debatieron diversos aspectos de una de las más adoradas y, al mismo tiempo, denostadas labores: la de la crítica cinematográfica.

Pablo Roldán, miembro de CBCine, y editor en jefe de la revista Cero en Conducta, fue el moderador e instigador de un debate seguido con gran atención por un público de jóvenes que llegaron con la ilusión de aumentar el fuego de su pasión cinéfila y que se fueron felices porque, a pesar de la dureza y acritud de algunos comentarios, las bocas concluyeron que esta labor, la del crítico, es necesaria, importante y valorada por decenas de personas.

Después de un abrebocas, Pablo Roldán entregó el micrófono a Samuel Castro, Erica Acuña, Diana Ospina Obando y Juana Schlenker para que trataran de definir qué es la crítica cinematográfica.

Samuel se adelanta y dice que es muy seguro que quienes están ahí esperan otra definición, pero que él no quiere endulzar su punto de vista. De la crítica no se vive, no se gana nada con ella. “Por favor no se vayan a dedicar a este oficio que es desagradecido. Más que decir si una película es buena o mala, el buen crítico debería ser como un redactor científico que suministra datos. Informarle a ese público, que lo lee, sobre la cinta que comenta. No tenemos la verdad revelada. Nuestra más importante misión es hacer que la gente ame el cine. No somos relevantes para que una película sea exitosa”.

Erica advierte que no está de acuerdo con Samuel y que para ella el oficio de crítico sí tiene mucha relevancia. “Por ejemplo, estoy convencida de que el cine nacional necesita crítica por partida doble: para quienes van al cine y para quienes realizan las películas. Lo que opinamos es una tarea que enriquece la cinematografía de ese puñado de creadoras y creadores. Ese texto que escribimos abre una conversación con un público que puede encontrar muchas cosas que no advirtió como espectador. “En mi caso tengo una obsesión compulsiva con la música, considero que es otro elemento narrativo en las películas. En general, es una poderosa herramienta que va más allá de señalar momentos escénicos y trato de destacar en mis reseñas ese aspecto.”

Diana Ospina Obando advierte que para ella es también muy apreciada esta labor porque contribuye a que la persona que vio una película pueda avanzar de su primera apreciación. “Para mí la crítica hace que la persona se conecte con la obra. No es solo dar un punto de vista, sino contribuir a que se despierten otros mecanismos en el espectador, a desentrañar mensajes no explícitos. Mi texto crítico equivale a conversar con alguien y mostrarle algunos lados que el otro no ha visto o sobre los que no ha caído en cuenta. Ayudar a redescubrir una película es, para mí, lo que hace a la crítica exitosa.”

Juana apunta: “El secreto de un buen crítico deriva en la observación atenta que hace de la película. Esa mirada incisiva es la que procura elementos que han podido pasar desapercibidos. Los realizadores están ávidos de leernos para valorar qué contenidos se consumen y cuáles se desechan.”

Pablo Roldán leyó los cinco elementos que un editorial de la revista Guiones señaló como las bases para construir una crítica acertada. Resumo a oídas: coraje, para que la verdad o la no verdad sea expuesta; tenacidad para buscar la verdad; arte para hacer que la verdad brille; el juicio para escoger la verdad de entre otros aspectos y astucia para propagar la verdad entre muchos.

Risas entre el público y los expositores. Y una cascada de opiniones que volvían a ¿Qué es la verdad? “Muchas verdades en esos principios”, se escuchó. La charla siguió con este norte: en ninguna disciplina se encuentran verdades absolutas. La crítica es volcar en el papel lo que cada película deja en quien la sigue con mirada atenta. “Los críticos somos escritores que tenemos la obligación de atrapar al lector con nuestros relatos”. “Los críticos no se pueden convertir en censores. Ni tampoco pueden autocensurarse porque la gente lo siente. El arte, en algunas oportunidades, ofende o hiere. La uniformidad de pensamiento es imposible de encontrar” se dijo.

La charla se terminó, aunque hubiera podido seguir por horas, con lo que se advierte que el cine da para hablar, escribir, leer, crear, comentar y soñar sin fecha en el calendario.