¿Y DÓNDE ESTÁ LA AUDIENCIA DEL CINE COLOMBIANO?

Se sigue haciendo cine colombiano, pero… ¿los colombianos lo están viendo?

28 películas colombianas fueron estrenadas el pasado año 2014, por supuesto, algunas son coproducciones desde diferentes formas de participación en su realización, pero todas ellas tienen recursos financieros y de talento que permiten clasificarlas como nacionales. No obstante lo prolífico de este número de lanzamientos para una industria joven, sólo el 4% de los asistentes a salas de cine en el país vieron estas películas, y siendo más precisos y crudos, apenas 6 de las 28 películas se quedaron con el 90% de la taquilla. Un síntoma peligroso para el porvenir de la industria.

Bien, qué se hizo y que se vio:

calaveralos climas

11 de estas películas fueron vistas en salas por menos de 5.000 personas, con un promedio de 2.720 asistentes por película. Al margen de cualquier crítica individual a los trabajos, surge la pregunta: ¿eran tan malas que por eso no resistieron? Porque si bien, son disímiles en factura y géneros abordados, no se entiende bien cómo apenas 1.000 personas vieron “Climas”, ó “Memorias del Calavero”; y no tuvieron mejor suerte coproducciones con Argentina cómo Deshora y Días de Vinilo; o tuvo cifras más decorosas de asistencia una historia caribe bien hecha cómo El Faro; y reseñando estos títulos simplemente como ejemplo, porque francamente merecieron mejor suerte. Quizá se conjugaron en contra de ellas, un reducido número de copias, la poca confianza de los exhibidores, la ausencia de figuras en pantalla, fallas en la estrategia de comunicaciones y publicidad, su estreno coincidió con el de alguna franquicia o mega producción internacional, etc. Lo cierto es que se resbalaron de la cartelera muy pronto, lesionando económicamente a sus productores y retardando la realización de una nueva película, si no es que llevándoles a decidir mejor abortar la idea de hacer cualquier película nueva en el corto o mediano plazo.

manos suciasmateo

Otro grupo de 11 películas tuvo entre 5.000 y 50.000 entradas, con un promedio de 14.160 personas. Aquí se encuentra un primer subgrupo con aquellas que, aún siendo prometedoras por antecedentes de éxito en festivales, buen recibo por parte de la crítica, o prestigio de sus directores y equipo, no lograron mayor taquilla, ubicándose por debajo del promedio. Es el caso de: Jardín de amapolas, Tierra en la lengua, Mateo, Manos sucias, Infierno o Paraíso, Los hongos y Anina; en su mayoría trabajos retratando semblanzas e historias permeadas por nuestra muy particular realidad social, que contaron con la interpretación de actores naturales o nuevas figuras (excepto Anina, una animación), como medio para enfatizar la verdad de lo contado. Este tipo de trabajos parecen haber ganado un mercado de nicho por su temática, estilo narrativo y factura de realización, pero no interesarle al público masivo, pues tuvieron difusión y promoción para sus lanzamientos, que aunque no mediáticos por causa de los presupuestos, sí se dio activamente a través de redes sociales y las notas de prensa derivadas de sus galardones.

Un segundo subgrupo, este de las películas por encima del promedio, es para descalabros de películas más encajadas en el estilo comercial: Bola’e trapo, Secreto de confesión, De rolling por Colombia 2; cuyo traspiés puede atribuirse, obviamente, al desencuentro con el público, pero también, para el caso de Bola’e Trapo y Secreto de Confesión, a la falta de apoyo del exhibidor, aguantándolas más allá del primer fin de semana, una razón que del mismo modo cabe para muchas de las películas colombianas, y es motivo de un reclamo creciente entre los realizadores, de hecho, va siendo momento de abordar este tema, quizá mediante la legislación.

pal mundialciudad delirio

6 películas tuvieron asistencia de entre 100.000 y 500.000 personas, con un promedio de 259.775 espectadores, y se quedaron con el 90% de la taquilla del cine colombiano estrenado en el país. Cuatro de estas películas acuden al humor familiar y urbano para desarrollar sus historias, repetidas y predecibles en el gusto de los críticos, pero que sin embargo cuentan con una audiencia que regularmente las acompaña en salas; son películas de la plantilla de cine comercial de Dago García, que han sabido adaptar a sus estilos propios también, Harold Trompetero y Fernando Ayllón. Estas películas tienen elencos artísticos con figuras de la televisión a quienes el público aprecia y se siente motivado a ver, aspecto que contribuye además a la promoción de las películas gracias a la exposición mediática de sus actores; son películas ligeras que no persiguen más que simplemente divertir, no descrestan con contenidos que pongan a pensar ni usan planos muy elaborados y sacan el máximo provecho de pocas locaciones para ganar agilidad en la producción. Estas realizaciones han sabido trasladar, para bien o para mal, la experiencia de producción televisiva a sus productos cinematográficos, son películas de casas productoras montadas en el tren de hacer al menos una película al año, con visión de empresa sostenible.

Las otras dos películas de este grupo son coproducciones internacionales, Ciudad Delirio (64-A Films con España) y Encerrada (RCN & E-nnovva con USA), la primera una comedia romántica, la segunda una película de terror suspenso, ambas muy divulgadas para su lanzamiento y con el respaldo de canales de TV para su promoción, cuentan con equipos de producción robustos en experiencia realizadora y gestora de fondos; para el caso de RCN & E-nnovva con poco que agregar a este respecto, para el caso de 64-A Films con mucho por anotar a favor de lo que viene siendo su crecimiento con diversificación creadora.

Ahora bien, por qué se vio lo que se vio, y no se vio lo que no se vio:

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El público siempre será impredecible, pero del mismo modo como él es así, a veces caprichoso, cualquiera también puede arriesgar su propia conclusión de por qué ve lo que ve, basado en sus comportamientos y otras conjeturas.

  • El público colombiano no encuentra atractivo pagar una entrada para ver en la pantalla grande historias y personajes naturales que le muestran esa realidad social compartida que ya sigue diariamente en los noticieros, cree que la conoce lo suficiente, y siente que ya no hay algo nuevo que lo sorprenda en este sentido. Al público masivo no le interesa la buena factura cinematográfica lograda por los realizadores, el éxito internacional alcanzado, o apoyar el esfuerzo que significó llevar a la pantalla esos trabajos. Puede sonar rudo, pero así es. Ese buen cine nacional premiado en festivales se queda en la retina de una audiencia reducida con ánimo intelectual y crítico.
  • El público colombiano va a ver cine nacional que lo divierta y suele ser proclive a las películas donde participan actores o personajes que ya conoce, pero aún con esta preferencia da la espalda a aquello que no tenga buen voz a voz; no se deja llevar fácilmente por la publicidad, aunque está le trae curiosidad. En este renglón la comedia del estilo Dago Garcia Producciones ya construyó una franja de audiencia; Trompetero Producciones, con altos y bajos se consolida; y las nuevas producciones de TakeOne Film Productions están abriéndose camino.
  • Una película colombiana de terror suspenso, con buena factura e historia atractiva, tiene posibilidades de acompañamiento en salas por parte del público, es el tipo de cine que la gente se siente motivada a ver en pantalla grande, así como las mega producciones, las animaciones infantiles y las grandes franquicias, que en su conjunto son las que mas concentran los ingresos de los exhibidores.
  • El público colombiano no ha absorbido aún una cultura de apreciación del cine a pesar de la creciente dinámica de esfuerzos de distintas entidades gubernamentales, mixtas o privadas para promover y realizar eventos y festivales de cine a lo largo y ancho del territorio nacional. Menos se ha apropiado del valor que tiene para una sociedad ver sus propias historias y reflexionar sobre ellas.
  • El público colombiano, quizás, traslada el desencanto que viene teniendo con la oferta televisiva al cine, bajo el entendido que los contenidos no pueden ser muy diferentes, y de este modo se priva de darle una oportunidad a las historias con novedosas propuestas de realizadores independientes, de hecho también desencantados con la televisión al aire. En el imaginario del colombiano promedio el cine nacional sigue siendo narco y porno miseria. La verdad es que el abanico hoy día es mucho más amplio en sus opciones.

Cada uno puede aventurar su propio análisis, lo cierto es que el público colombiano sigue yendo a cine, pero no a cine colombiano. Ya mediante leyes se ha abordado la manera de promover la realización de audiovisuales en nuestro país, y los resultados son positivos: series, películas y comerciales extranjeros se están rodando acá y las perspectivas son muy buenas para la economía; pero nos estamos quedando a la mitad de la tarea si no se halla la formula de vender mejor lo que los de aquí están haciendo para presentarlo a nuestra propia gente.

Señor lector, usted que tiene su propia opinión: pregúntele a un amigo suyo y a alguien de su familia qué película colombiana vio el año pasado, y si tiene expectativa por alguna que se estrene este año; y a ver que le dice.

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