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X500: la universalidad del desapego

Hacer parte de, reconocerse así mismo, saber quién se es y qué se quiere. No siempre todo esto es fácil. No siempre se puede encontrar un espacio. No muchas, o mejor dicho, no muchísimas veces se puede hablar desde el privilegio. En algunas ocasiones esta búsqueda se hace en solitario y con mucho dolor. La película X 500 de Juan Andrés Arango, el mismo director de La Playa D.C. (2012), nos muestra lo importante que es reconocer que todo espejo tiene dos caras y que no podemos aceptar solo una mirada, solo una historia.

X 500 muestra la universalidad del abandono y de la perdida. Lo hace a través de la historia de tres jóvenes con procedencias muy distintas pero con dramas tan similares como cercanos. Cada uno de ellos está buscando la forma de ubicarse en un nuevo lugar a donde llegan para superar el duelo, y el cual se muestra extraño y hostil. Los tres buscan transformarse, aunque esto implique olvidar sus raíces y perder su memoria.

María llega a Montreal de Filipinas para vivir con su abuela después de que su madre muere, Alex es un joven de Buenaventura que decide regresar a su pueblo después de que su hermano pierde la vida cuando ambos se embarcan en la aventura como polizontes hacia Estados Unidos y David es un indígena Mazahua que escapa a Ciudad de México al verse incapaz de enfrentar el dolor por la muerte de su padre.

Tres escenarios tan diferentes pero que se combinan para contarnos paralelamente tres relatos que se convierten en una gran única historia alrededor de la migración y el desapego. Cómo tres jóvenes pasan por las mismas dificultades para tratar de encontrar un lugar en ese nuevo espacio que habitan. Cómo se acomodan a las nuevas reglas, cómo cambian su jerga, su apariencia, cómo están inconscientemente decididos a borrar su pasado y convertirse en otros, con el único objetivo de significar en esa nueva vida que tomaron prestada.

La música en la película también es protagonista, mostrándonos cuáles son los cuestionamientos que los jóvenes hacen de sí mismos y de su relación con el poder. X 500 es un poblado en la provincia de Yucatán en México, que aparece localizada justo en la mitad del continente americano.

Con este título el director busca entonces hacer referencia a cómo a pesar de lo distantes y diferentes, son muchas las historias en América que nos conectan y en cómo convivimos con los mismos dilemas y conflictos. X 500 se narra con un ritmo que nos envuelve y que no nos hace perder de vista a ninguno de los tres jóvenes. Una película que sensibiliza profundamente alrededor de los prejuicios y que reivindica la importancia de la identidad, la tradición y la memoria.

Reseña originalmente publicada en OiCultural

 

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