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Una Mujer: Ambivalencia humana, a medias.

Gabriela regresa a Bogotá luego de una prolongada ausencia, e intenta enmendar los errores de su pasado, no obstante continúa en un vaivén interior, sin definir que hacer consigo misma. Además enfrenta tanto a su antiguo amante como al mejor amigo de este, quien pudo ser el amor de su vida. Quiere volver a construir, pero ella también es caos.

Una Mujer, la opera prima de Daniel Paeres y Camilo Medina, sobresale por su resultado  a pesar de  las ajustadas condiciones de su producción, pues de disponía solo de 1000 dólares de presupuesto y un rodaje de nueve días; aunque,  en su acabado final tiene dificultades para abarcar, complementar o concluir las capas de su premisa.

La cinta cae en una oscilación algo frustrante cuando intenta hablar de elementos inscritos en la vulnerable condición humana, entre ellos el autoengaño, la deriva existencial, la identidad en crisis, las brechas de comunicación, el estancamiento emocional u obsesión arraigada al confort pasado. Eso sí, navega bien entre diálogos, silencios y gestos, acordes a precisas situaciones creíbles de sus personajes; sin embargo algunos comportamientos o elecciones se perciben artificiales, rompiendo la inmersión al revelar ciertas conveniencias del guión.

En el aspecto técnico, la cámara en mano en lugar de moverse junto al latir de sus personajes, es empleada sin mayor meditación, al contrario de piezas del Dogma 95, e incluso la incursión de Woody Allen a la técnica con Husbands and Wives, por mencionar algunos. También en su lenguaje presenta detalles que podrían desconcertar, como los jumpcuts injustificados –a diferencia de la Nouvelle Vague-, o las “sutiles” referencias cinéfilas, véase un cartel de Azul de Kieslowski colgado en la pared o Gabriela usando una blusa de El Padrino. No veo problema con esos guiños o “Easter Eggs”, pero resaltan más que el mismo relato y  terminan por distraer. Por otra parte, las escenas de sexo ni rebasan el estándar, totalmente prescindibles para el desarrollo de su historia y con preludios por debajo de una porno genérica.

Ahora, en cuanto a lo positivo, es de apreciar la constancia en su tono, gracias al esfuerzo de los actores por transmitir el rango de emociones requerido para las circunstancias en que se encuentran, a pesar de interacciones quizás afectadas por la descuidada dirección. La película dentro de su irregular conjunto consigue una particular contundencia y genera en nosotros una concreta empatía. Es de agradecer que muestre a los personajes sin juicios, inmersos en su accidentada ambigüedad.

Su narrativa mantiene el interés hacia una conclusión que, si bien es correcta ante lo planteado, no ofrece mayor impacto, porque al final los seres en pantalla carecen de real progreso interior. Irónicamente en sus defectos como filme, refleja justamente esa imperfecta naturaleza del ser. Aun así es de aplaudir la hazaña de terminar, a pesar de las limitaciones, la película, finalmente,  lo esencial es que queda lo aprendido para una próxima realización.

 

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