UN CINE DE TENDENCIAS: ¿CÓMO TE LLAMAS?, DE RUTH CAUDELI

Un cine de tendencias

¿Cómo te llamas?, de Ruth Caudeli

Por Pablo Roldán

 

¿Cómo te llamas?
La actriz Silvia Varón, que interpreta a Eva, en una escena de la película.

 

¿Qué decir de una película donde todo parece, digamos, terrible e ingenuo? ¿Cómo te llamas? empieza y uno ya teme lo peor: en fondo negro nos recibe la voz de una de las actrices gritando (es un grito que reclama cosas, intuimos que se trata de una infidelidad). Empezamos a sospechar que la película va a poder inscribirse dentro de los films que confunden el oficio de una gran actriz con la gritería (y en un espectro más amplio con el sufrimiento). No en vano esta actriz hace de actriz en la película. La otra protagonista hace de directora, responsable, más o menos, por el descubrimiento en el “mundo del espectáculo” de la que oímos gritar.  Al final, la evidencia es irrefutable: la película es una perfecta exponente de esa tendencia (aunque no es la única a la que adhiere). Basta con ver que las escenas o momentos “solemnes” de la película (generalmente con la cámara quieta, donde las protagonistas están juntas en el cuadro pero lejos de la cámara, o juntas pero separadas notoriamente por los encuadres y no por el espacio) son de las actrices llorando, sufriendo (aquí además por nimiedades). Esta pareja (las actrices viven juntas y al parecer se aman) solo está feliz antes, durante o después del sexo. En los otros momentos (la otra mitad de la película) siempre hay algo que les impide la tranquilidad.

Ópera prima de Ruth Caudeli, nacida en España pero residente en Colombia. Tiene una duración de noventa y cinco minutos pero se siente eterna. ¿Por qué? La película está cortada en retazos, se trata de un rompecabezas que el espectador tendrá que armar. Sin embargo, esos momentos son una cadena de repeticiones. Pasa siempre lo mismo pero en diferentes escenarios. A grosso modo, la película tiene cinco tipos de escenas: reuniones con amigos (tragos o comida, o ambas); gente –las protagonistas– hablando por celular; peleas por bobadas entre ellas dos y, por último, ellas en el carro. Esa sobre fragmentación y obsesiva repetición alargan el film, que es una historia de varios años (gestación de bebé incluida) pero que uno siente aplastada en dos días. Nada nunca cambia de verdad más allá de algunos fondos.

Otra de las tendencias en la que se inscribe la película es la “acomoditis”. Explico: No hay nada que no parezca acomodado, colocado. Todo en perfecto orden, incluso cuando una de las protagonistas se queja del desorden de la casa donde viven. Como todo está tan limpio uno no deja de pensar que todo es artificial y que, siendo así, todas esas imágenes servirían más bien para un cuadro en instagram que para una película. El cine no sacará nunca nada de este absurdo de tener todo en su lugar. Cosa que no deja de ser extraña: en una escena, Candela, la que es directora de cine, debe dirigir un comercial –de algo tienen que comer los “artistas” en Colombia– y parece absolutamente aburrida (“tensa”, como la describe alguien) porque la emisaria del cliente exige que todo debe salir perfectamente. Todo acomodado, y el chocolate (el producto de la publicidad) tiene que caer de determinada manera sobre un lugar específico, de lo contrario todo saldrá mal. Entonces a Ruth no se le confunde, como uno creería, con el personaje de la directora sino con el de la emisaria del cliente, que quiere todo en estado de perfección. Otra escena: Candela ha empezado a dar clases de cine y les insiste a sus alumnos que en una filmación todo debe estar absolutamente controlado (“porque se ha pensado mil veces”, dice ella). La estructura del film no sale de esa pretensión –lo pensado mil veces, lo controlado– y hace que todo se sienta falso. Como ir a oler una rosa y descubrir que era de plástico.

¿Cómo te llamas? adolece por todos los lados. Al principio decía que todo se manifestaba como terrible e ingenuo. Terrible porque a veces uno incluso siente vergüenza ajena: todo lo que pasa alrededor de Candela como profesora es tan disparatado que uno cree que la película ha entrado en el campo de la ironía y la comedia. Ingenuo porque la película se conforma con enunciar los asuntos, creyendo que eso basta para hablar sobre algo. Hacer una película sobre el “amor”no solo necesita protagonistas que sean pareja, digan amarse y tengan sexo. Pero pasemos eso por alto, el asunto más grave es que, en últimas, la película termina por defender el mundo del cine (viajes, alarde por el dinero que se gana, conocer gente, fiestas internacionales, fotos en la calle, fans, festivales “importantes”, ruedas de prensa, incluso, al final, Candela dice: “No quiero ser la esposa de Eva”) en lugar del cine, y eso, como sabemos, no se perdona.

 

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¿Cómo te llamas?
Afiche de la película.