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Salt and Fire: De buenas intenciones, pero cansada

Inherente en mí es la necesidad de hablar sobre películas que pasaron inadvertidas, o jamás llegaron a las carteleras nacionales; ya saben, por esa falta de equidad en las distribuidoras y exhibidoras. Así que en esta ocasión, compartiré mis percepciones de Sal y Fuego, una de las tantas perjudicadas.

Trata, a grandes rasgos, sobre un grupo de científicos, quienes son requeridos para investigar un desastre ambiental en Bolivia, relacionado con la actividad volcánica. Sin embargo son interceptados y secuestrados por la empresa causante de tal ruina, mediante un grupo armado liderado por el director ejecutivo de la misma, y cuyas intenciones van más allá de lo que imaginamos.

En los últimos años Werner Herzog ha realizado en el terreno documental obras realmente potentes y dispuestas a indagar entre las posibilidades, ascensos, pendientes e incertidumbres en los actos humanos, muchas veces ante la sobrecogedora inmensidad de los fenómenos naturales. No obstante alguna que otra reciente incursión en la ficción, están muy lejos de sus primeros y complejos trabajos, como Fitzcarraldo por ejemplo, donde más allá de la aventura en entornos adversos y hostiles, eran odiseas sublimes hacia la instintiva o elemental voluntad del espíritu, todo en comportamientos tan directos como matizados. Me sorprende entonces cuando Herzog entrega Sal y fuego, proyecto que más parece un ensayo con apenas momentos interesantes, en lugar de una experiencia de álgida sensibilidad, digna de su trayectoria y lenguaje.

 

Es una cinta descuidada en sus ámbitos. El guión carece de un tratamiento depurado, sin sustento emocional y repleto de mediocres diálogos expositivos. Por supuesto, es fluida en su narrativa, pero funciona por un automatismo tedioso, apenas rozando los temas y situaciones que expone.

El mayor problema son los personajes sosos, artificiales y efímeros, incluso prescindibles. Cuyas forzadas interpretaciones actorales, casi lastiman el tono durante nada genuinas interacciones, y sobre todo, resulta en una irregular tensión que apenas guía al espectador hasta la abstracta catarsis. Tal desfase afecta parcialmente el componente visual. Es incuestionable que Herzog sabe captar imágenes evocadoras y poderosas, aunque todo es opacado por el desbalance antes mencionado.

De las grandes fichas del nuevo cine alemán mi favorito siempre será Fassbinder, pero Werner es fundamental, a su manera, para comprender y potenciar el lenguaje fílmico en pos de transmitir aquello que mueve y quizás añora el ser. Este proyecto tendrá apenas pinceladas suyas, aun así se deja ver, porque inclusive en un mal día, siempre es un gusto ver a un viejo amigo que nos cuenta la misma historia de nuevo con sus errores, pero que lo hace de forma sincera y honesta.

 

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