ROTTERDAM 2018 (3): LA COMPETENCIA

Rotterdam llega a su final. Hago un breve repaso a los ocho títulos de la competencia principal. La conclusión es un poco agria pero nos motiva a pensar en los encuentros con las posibles grandes películas del año. Aunque lo mejor del Festival se vio fuera de la competencia, hay que revisarla. 

 

Las competencias de los festivales suelen ser las secciones más diversas, quizás porque no se proponen vislumbrar un tema o materializar un concepto sino que deben (¿o deberían?) defender o proponer una idea de cine, y, como sabemos, el cine que nos apasiona, el que defendemos, puede venir empacado de muchas formas. Sin embargo, sabemos que las películas que nos gustan comparten algo en común: ese rasgo que nos hace que las pongamos de un lado para defenderlas, recomendarlas, hablar de ellas, hurgar en ellas, fascinarse con ellas. ¿Qué es pues ese algo? Yo no lo sé, sólo estoy férreamente convencido de que se trata de una intuición. No hay nada preciso que determine cómo una película pasa a ser de las defendibles. En los ocho títulos que se disputan el premio mayor del Festival queremos encontrar esas películas. Sin embargo, estos días nos probaron lo contrario. Sí, hay que decirlo: soy pesimista con las competencias (aunque creo que la mejor manera de medir la temperatura de un festival), pero todas las películas son buenas hasta que se pruebe lo contrario.

 

Djon Africa
Djon Africa

Empecé con Djon África, dirigida a dos cabezas por João Miller Guerra y Filipa Reis. La película esencialmente explora el retorno, el volver a cosas, lugares o sensaciones. En este caso, la principal y la más consciente, es la de volver a las raíces familiares, o al menos a buscarlas por primera vez. Un personaje simple y que parece siempre estar de buen humor lidera los minutos en pantalla. Un principio enérgico y novedoso prometía una película cabal. Después, las ideas se van empolvando y los directores terminan fascinados por otras cosas. Un viaje de Portugal a Cabo Verde pretende desatar en el protagonista una transformación radical que lo haga convencerse  de que las respuestas que busca están en otro lado. La introducción de juicios políticos se siente postiza, principalmente porque entran es por diálogos. La película no tiene, parece, una disposición real sobre lo político que atraviesa Portugal y Brasil.

Luego entré a la segunda película de Shireen Seno, Nervous Translation, decidida a ser una fábula moderna que mezcla, una vez más, la búsqueda del padre ausente con la delicada e histórica crisis política y ambiental de Filipinas. Además, encuentro en esta película una evidencia contundente de una pequeña sensación que he tenido frente a varios films del certamen: existe una  tendencia para hacer películas parecidas a las de Apichatpong Weerasethakul, un deseo permanente de ciertos cineastas, orientales en su mayoría, que quieren también ver la vida a través de una óptica de la fragmentación, el sueño, la fantasía y la alucinación peligrosa y tropical. Nervous Translation exagera las cualidades del cine de Weerasethakul, lo que nos deja con una película atrevida con decisiones sonoras, pero muy limitada en su deseo de fragmentación y restricción de información.  El camino va guiando hacia una confusión absoluta y a metáforas poco sutiles para que la política de Filipinas entre en la imagen, un cuadro político que se va al pasado para que, desde las posibilidades de la distancia, se construya una muy forzada exploración de la imaginación, los lazos familiares podridos y los remolinos políticos. Donde me parece que el film sí acierta y logra un par de secuencias es cuando algo se quiere decir sobre esa abrumadora lucha que tiene Filipinas con la naturaleza. Al ser un pueblo que se eleva entre el bosque lluvioso y fangoso, siempre con el peligro del agua acechando, los filipinos miran la vida desde una particularidad que sólo se la permite quien ha visto en la naturaleza el lado que condena al daño. 

The Reports on Sarah and Saleem
The Reports on Sarah and Saleem

The Reports On Sarah and Saleem es una de esas películas que tanto quieren ciertos sectores porque pasa por provocadora y disyuntiva, aún cuando en el fondo se sabe que no es así. Tomando el punto de arranque de una historia ampliamente publicitada en Palestina, este drama de enredos se sostiene por la valentía de sus actores y por lo jugosa de su narrativa, donde se mezcla todo: la religión, el sexo, el abuso de poder, la desdicha, la venganza, la persecución de la felicidad. Es un film menor pero no desagradecido con sus espectadores. Lo que más me gusta de la película es su decisión de mostrar a los personajes femeninos, en medio de un lío donde era muy fácil desdibujarlas y erradicarles un horizonte, como seres autónomos, reflexivos, llenos de pliegues y, que a pesar del desdén que evidentemente se tienen entre las dos mujeres protagonistas y de la extraña y complicada situación que tiene cada una sobre sus hombros, se les da la oportunidad de ser amigas y nunca enemigas. Decisiones morales y el deseo de que esta pequeña historia cuente, o resuma (quizás ahí es donde empieza a sentirse esas fallas), la situación de constante desafío de convivencia entre Palestina e Israel son las bases edificantes de la película.

Sultry (Mormaço en portugués), de Marina Meliande, que no presentaba una película desde hace ocho años, es un sugestivo drama sobre (una vez más) la lucha de unos cuantos inquilinos en Brasil por mantener su hogar en pie. Acá aparece una pequeña novedad: la narrativa es duplicada, como si se mirara en un espejo sucio que cambia un poco las cosas pero que ofrece la visión, al mismo tiempo, de dos caminos diferentes, paralelos. La protagonista, que trabaja ayudando a las personas notificadas de evacuación en los barrios que se demolieron para construir los parques de los Juegos Olímpicos del 2016, sufre lo mismo en su edificio: los quieren echar y traen un arquitecto demasiado joven y naif para convencerlos, ofreciéndoles una buena suma de dinero por su vivienda. Aparece también el elemento de lo sobrenatural (con un tono muy absurdo y con guiños a Repulsión, de Polanski), lo que permite que sean, después, las manchas y la fruta podrida los protagonistas de la película. El film parece que acaba cuando apenas podría empezar, es, digamos, una película-introducción. La directora aprovecha todo su tiempo para construir una atmósfera, un Brasil que cede frente al calor y el poder económico, un Brasil mutante que contamina a sus habitantes, y al final, de manera desesperada, cuando se da cuenta que la película tiene que coger algún rumbo y que luego tiene que acabar y que no puede durar mucho porque sino nadie la compra, la acaba. Decide que algo grande tiene que pasar y listo, ahí fue. Salen los créditos y todos, rápido, fuera de la sala que sigue otra película.

 

Sultry
Sultry

Piercing es la nueva película de Nicolas Pesce, que había hecho ya un dark tale sobre una leyenda portuguesa y le había sumado sus deseos de sangre, locura y sinsentido. Acá continúa por la misma línea, esta vez basándose en la novela homónima de Ryû Murakami, lo que le permite explorar los roles en el sexo, las perversiones, los lugares de la violencia en el acto sexual y cómo, de distintas maneras, se encubren todas esas cosas para que sea un acto, que desde lejos se ve más o menos asqueroso, en una situación placentera y menos fugaz. Es un extraño juego de homenajes: Brian DePalma y su firma de la pantalla dividida, una música y una construcción tipográfica que remite al imaginario del cine de otras épocas, el uso de la música de algunas de las películas de Dario Argento… Es, otra vez, una película que logra regalarnos un mundo enrarecido, construido desde el cine y desde otro lugar de la imaginación de sus realizadores, pero que también queda como una impresión escueta, ceñida cien por ciento a la vitalidad y fuerza de sus dos actores protagonistas, Christopher Abbott y  Mia Wasikowska, que son feroces y permiten que el film se disfrute, se piense y se desee escrutar después de que rueden los créditos. 

La entrada de China a la competencia es un “film rural”, The Widowed Witch, de Cai Chengjie, que combina las leyendas con los áridos devenires de la vida en el campo chino. Una mujer, en un viaje por pueblos, donde es recibida con rencillas, con descomunales presagios y con un desdén dedicado al ostracismo, aprende a ser bruja o cumple su destino de serlo. Después de que nos enteremos (y veamos) qué cantidades de sufrimiento ha pasado, la vida le da la oportunidad de cobrar. Sobresale por su fotografía, por sus pausas delicadas. Quizás la película que más vigor mostró en la competencia.

 

Piercing
Piercing

Además de estos títulos se presentaron dos películas que me hacen cuestionar profundamente por el juicio mental de los programadores, films sin pies ni cabeza, vacíos, himnos a lo frívolo. I Have A Date With Springtime parece más una película para niños con problemas de comprensión que para la cúspide de un cine sin ataduras, una mezcla curtida de géneros y tonos donde nada encaja. El otro bodrio absoluto es una película que pretende ser un examen a la situación política del mundo europeo de hoy, entonces se contenta con filmar la ruta a Calais, con culpar a los celulares, mostrándolos como raíz de la ignorancia. ¿Qué pensará alguien cuando tiene una idea de este tipo y cree que es buena? Se llama Possessed (¿qué tal eso?) y recomiendo que la eviten, demuestra que a los holandeses les va bien en muchas cosas (quizás en las que “más” importan) pero que en el cine están todavía descubriendo el agua…

Hoy ya sabemos los premios. El botín mayor se lo llevó The Widowed Witch, que entre la aridez de este año mostró ser la única que lograba entrar en esa noción del algo, en esa intuición. The Reports On Sarah And Saleem logró el premio del jurado, un film correcto, sin demasiados atrevimientos pero sólido en su disposición a los ataques a la moralidad.

Aunque la competencia no permitió intuiciones fervorosas, fuera de esa sección sí hubo méritos cinematográficos de los que pretendo elaborar algunos argumentos en un futuro muy próximo. Por ahora, a  descansar de estos diez días de encierro en las salas de cine, de carreras entre sede y sede, de frustraciones y alegrías, de olvidarse del desayuno, el almuerzo y la comida. Lo que sí esperamos es que las cosas para la competencia de Rotterdam sean mejores en el próximo año. Quizás se podrá volver y dar el juicio después de una minuciosa revisión.

 

The Widowed Witch
The Widowed Witch

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