El engaño del siglo (The Program)

Sin duda, uno de los personajes contemporáneos más interesantemente complejos es el ciclista estadounidense Lance Amstrong. Su vida y el personaje que de él construyeron los medios se parece bastante al protagonista de una película de Hollywood: Un enfermo de cáncer avanzado que se ha recuperado de su mal, logra una gran hazaña deportiva y se convierte en el mejor de su deporte para luego caer ante la opinión pública al descubrirse que sus logros estuvieron basados en una gran trampa. Sencillamente fascinante.

Esta película, dirigida por el británico Stephen Frears (director de títulos tan interesantes como La reina, Amistades peligrosas y Filomena) tiene un nombre mucho más impactante en su idioma original: The program, que refleja mejor el énfasis que hace la película, al plantear que en el caso de Amstrong no se trató solo de un engaño, si no de un programa (un plan) fríamente calculado para engañar y obtener el triunfo sin reparar en los métodos para lograrlo.

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El personaje de Amstrong se presenta como un gran manipulador que conoce perfectamente a la opinión pública occidental (y especialmente a la norteamericana) y aprovecha para construirse como un ídolo indestronable usando toda clase de recursos (drogas) ilegales sin remordimientos ni dilemas morales.

El contrapunto interesante de la película lo constituyen el periodista David Walsh que emprende una cruzada de investigación de la verdad y el joven pedalista Flody Landis, miembro del equipo de Amstrong, que cuestiona los métodos a pesar de usarlos y finalmente comete el más grave error en la lógica de los tramposos: Ser descubierto.

La película se destaca por un buen montaje que, sin ser vertiginoso, sí refleja el mundo de la competencia ciclística de alto nivel y un elenco de excelente calidad.


Comentario adicional

“Conocida la historia por los seguidores del deporte (especialmente el ciclismo), la película va en el ángulo de presentarnos “el todo vale para ganar y obtener fama”, en cabeza de un ciclista cuya condición física lo acomodaba al promedio de cualquiera otro del momento, pero quien una vez decide ponerse en manos de la ciencia y los medicamentos no aprobados para obtener mejor rendimiento, comienza a ser exitoso hasta hacerse icono, aún burlando en el camino los controles antidopaje para la práctica competitiva. El guión, quizá reconociendo que mucha información sobre la historia ya está dada por cuan publicitado fue el caso, se centra en la personalidad del protagonista para presentarlo como un “evil genius” del deporte, sin dar mucho espacio si quiera a ver un personaje conflictuado por sus decisiones, un matiz que bien tendría cabida para enriquecer el personaje”. Enrique Sierra

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