Café Society: Una historia sobre los sueños que nunca fueron

Hablar de Woody Allen es hacer un recorrido por el director norteamericano de culto más grande del siglo XX, quien con un estilo crítico sobre sus raíces judías y una alta intelectualidad ha desarrollado grandes historias como ‘Rosa púrpura del Cairo’ (1985), ‘Media noche en París’ (2011) o historias no tan profundas como ‘Magic in the moonlight’ (2014) o ‘Todos dicen te amo’ (1996), entre otros títulos.

Sus obras oscilan entre ácidas comedias críticas de la sociedad e ingenuas ensoñaciones sobre la pesadilla que encierra vivir la realidad de los sueños por alcanzar. Sin embargo, se requeriría, para hablar de toda la magia de su filmografía, un extenso ensayo analítico que la brevedad de una reseña no puede cubrir.

Su última producción ‘Café society’, que se inauguró en el pasado Festival de Cannes, declarada fuera de competencia, y que se verá en las salas de cine nacionales el próximo 3 de noviembre, ofrece una nueva faceta visual donde Allen viaja con su cámara a Los Ángeles de los años 30 para contar la historia del joven Bobby Dorfman (interpretado por Jesse Eissenberg – ‘La red social’).

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Se trata del hijo de un joyero judío que, cansado de la vida aburrida de la clase trabajadora neoyorquina, va en busca de su tío, un exitoso productor de Hollywood quien después de mucha insistencia le da la oportunidad de su vida al convertirlo en el lector de sus guiones.

Pero, el destino le llevará a dar un giro en su vida, justo cuando aparece Vonnie (Kristen Stewart), la bella secretaria de su tío, de quien se prendará y aunque le destrozará el corazón, será su secreta musa para su éxito futuro como gerente de un prestigioso club nocturno de Nueva York.

Es a partir de esta línea argumental en donde esta producción rompe con el estilo clásico de Allen, dejando atrás los grandes dilemas intelectuales o la vida de brillantes neoyorquinos de clase media, para rendir homenaje a grandes clásicos del cine como ‘De aquí a la eternidad’, recreando escenas de este filme de los años 50 en las escenas de amor de Bobby y Vonnie.

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Así mismo, ofrece una muestra de la banal y superficial sociedad de Los Ángeles de los años 30, mediante largos diálogos que dan al espectador un contexto de las altas esferas de la época y que le dan el título al filme, ya que ‘Café society’ era la denominación dada por la prensa de la época a las altas esferas sociales de las décadas de los 30 y 40.

Adicionalmente, Allen contrasta la trivialidad del mundo de las grandes estrellas con la vida llena de problemas simples de la clase media, quienes se debaten entre vivir la aburrida cotidianidad o salir a buscar el éxito y la fortuna mediante la violencia o la imposición de la fuerza, surgiendo el personaje de Ben, el primo gánster de Bobby, cuya presencia en la pantalla y estilo sarcásticamente violento hace que los cinéfilos más avezados recuerden clásicos como ‘El Enemigo Público’ (1931).

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A través de este personaje, proveniente de los barrios humildes de Nueva York, se refleja la otra clase social emergente, aquella que a punta de violencia y fuerza se convierte en una influencia en la sociedad neoyorquina e, incluso, en un ícono de unión familiar, hasta que su oscuro pasado clama por él.

Todo el filme está narrado por la voz en off de Woody Allen, con una perfecta recreación de los clubes nocturnos de Nueva York y Los Ángeles, que se apoyan en una apuesta visual arriesgada, al mostrar una cámara en ocasiones reservada y clásica que ofrece planos generales para luego dejarse llevar por las pasiones de sus personajes y la revelación de secretos incómodos mediante tomas que siguen por iluminados pasillos la angustia de los sueños frustrados de sus protagonistas y las penas internas ocultas bajo una capa de glamour.

El gran mérito de esta producción es lograr pasar de la superficialidad del ascenso de un joven de clase media a una historia más íntima en su segundo acto, cuando Vonnie y Bob se encuentran de nuevo, ahí, en un mágico Nueva York, con sus maravillosos paseos por el Central Park y la Plaza de Washington Square, que recuerda el París de ‘Casablanca’ (1942).

Entonces, surgen las heridas de un amor que frustrado, y una tacita de complicidad de la sociedad frente al encanto de los gánster y a los juicios morales sobre la muerte y la religión que se esconden en todos los ambientes de las clases altas y medias; despertando en todos los personajes de la historia una desolación sobre lo que pudo haber sido con sus vidas y lo que no fue, mostrando en un tono agridulce que, bajo la figura de las grandes estrellas y personalidades de la sociedad estadounidense, se esconden seres humanos llenos de obsesiones, dilemas, de ansias de vivir, utilizando el epílogo de la cinta como una metáfora de todas aquellas frustraciones humanas que se presentan sobre las decisiones que se suelen tomar y lo que se deja atrás al hacerlas.

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