Recuento de la filmografía de Ciro Guerra. Los viajes del viento

EL NUEVO CINE COLOMBIANO y LOS VIAJES DEL VIENTO
A pie y lomo de burro, desde las sabanas de Sucre y las riberas del Bajo Magdalena a la Alta Guajira, pasando por la Ciénaga Grande y la Sierra Nevada de Santa Marta, deteniéndose en Mompós y Valledupar, pero sin excluir la verde e imponente serranía del Perijá. Un recorrido tanto geográfico como musical por las raíces mismas del vallenato y algunos ritmos palenqueros, con el acordeón del diablo en primeros planos y dos criaturas errantes –maestro renegado y aprendiz–. “Lo importante no es tanto el objetivo sino el viaje”, conceptuaba el talentoso director cesarense Ciro Guerra.

Película rica en tradiciones multiétnicas y culturales, que pasa por cuatro aires vernáculos (paseo – porro – merengue – puya) y hace de la piquería una impresionante puesta en escena, con el entusiasta público abarrotado que acompaña a los verseadores. Sobresale un duelo a machete en el impresionista escenario de casas flotantes, que se refleja en las aguas de Nueva Venecia; también, los rituales de iniciación de tambores negros (Batata) y, por sobre todo, el alma inexplorada de nuestro hombre caribeño (“melancólico, observador y pensativo”).

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El guionista y director Ciro Guerra, nacido en Río de Oro (Cesar), se consagró excepcionalmente como autor desde su ópera prima bogotana en blanco y negro (La sombra del caminante). Allí exponía el viacrucis de dos hombres marginales y antagónicos, que guardaban sus propios y terribles secretos. Continuaba Guerra su excelente carrera, a los 28 años, con una visión distinta, rural pero muy personal, que nos aproximó al destino silencioso de dos juglares desarmados en medio de pastizales, soberbias panorámicas y senderos áridos o cultivables.

Porque se trató de la magnífica expresión territorial de nuestra paleta ambiental en espacios abiertos, donde la naturaleza confluía con el camino imprevisible de los seres humanos (su destino). Los viajes del viento, de Ciro Guerra, única representación del idioma castellano en la muestra oficial Un Certain Regard de Cannes 2009 –también hablada en lenguas wayú, bantú y arahuaca–.

La película es muestra maravillosa de la cultura costeña colombiana, con el recorrido de un juglar vallenato obstinado en no tocar su instrumento hasta liberarse de una leyenda que lo involucra con una maldición del diablo.

Al explorar la esencia caribeña y nacional de la música popular, Los viajes del viento logra fusionar tres instrumentos heterogéneos: el tambor africano, el acordeón de origen alemán y la guacharaca indígena. Porque Guerra alternó fluidamente la estirpe negra de San Basilio de Palenque con algunas comunidades de arraigadas tradiciones –vaqueros ribereños del Magdalena, pescadores de atarraya e indígenas tanto arahuacos de la Sierra Nevada como wayús de la Guajira–.

Siendo un elemento ostensiblemente de ficción, sorprende ver la inclusión de marimberos en tiempos del primer festival de la Leyenda Vallenata (hacia 1968). Cabe resaltar aquellos apoyos o fondos europeos e internacionales del Atelier del Festival de Cannes, el World Cinema Fund del Festival de Berlín, el Fondo Cinematográfico de Rotterdam, el Programa Ibermedia (desde Madrid), Proimágenes de Colombia y la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura (en Bogotá). También, el Instituto Nacional de Cine y Audiovisuales de Argentina.

* Publicado en el programa de radio La Voz del Celuloide. HJUT 106.9

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