Recuento de la filmografía de Ciro Guerra. La Sombra del Caminante

Ciro Guerra suma en su filmografía tres largometrajes: La sombra del caminante; Los viajes del viento y El abrazo de la serpiente. Con todas ha hecho importantes recorridos en festivales de prestigio en el mundo y alcanzado significativos reconocimientos. Haciendo algo de memoria se puede mencionar el premio de mejor ópera prima en Trieste, el de Hubert Bals Fund en el Festival de Rotterdam (Los viajes del viento) o el de Cinema Art en Cannes (El abrazo de la serpiente).

Con su última obra, sin duda alguna la más importante de su carrera, ha puesto a la cinematografía colombiana en una esfera internacional tras el anuncio de la preselección al Oscar 2016, en la categoría de Mejor Película Extranjera. Los elogios hacia esta película vienen de adentro y fuera del país y las posibilidades de entrar en las nominadas finales, al día de hoy, no se han desvanecido. Guerra es un autor sólido, interesado en las relaciones humanos, en mostrar cierta dependencia entre unos y otros, de búsquedas y en resaltar la belleza del entorno.

En este especial hacemos un recuento a su filmografía con las publicaciones hechas en radio y prensa escrita de nuestro miembro y crítico de cine Mauricio Laurens.


EL LADO OSCURO DE LA VERDAD

La sombra del caminante, un logro importante del cine independiente a la colombiano y un planteamiento oportuno sobre los secretos del pasado inherentes a nuestra estropeada condición humana. En el solidario encuentro bogotano de un desempleado cojo, acosado por las deudas, y un carguero solitario de actitudes enigmáticas, el rebusque callejero alterna con el desplazamiento forzoso y los niveles de indigencia sobrellevados por algunos vecinos de estrato uno.la-sombra-del-caminante-ciro-guerra-recuento-de-su-filmografia

Ciro Guerra, su joven director y guionista, proyecta una mirada directa e igualmente desinhibida del entorno social. Sin prejuicios documentales, las ventas ambulantes del centro capitalino plantean una realidad escueta que no puede taparse con las manos, y la tortuosidad de sus callejones sirve de guarida a quienes sobreviven al margen de la legalidad. Si algunos de sus personajes esgrimen compasión, no puede decirse lo mismo de ciertos muchachos que se burlan y maltratan al discapacitado.

Víctimas, verdugos y victimarios han sido entrelazados de manera indisoluble en sus respectivas historias. Cada uno de ellos arrastra en efecto un sufrimiento aterrador en donde las heridas profundas no pueden haber cicatrizado del todo, con secuelas impredecibles y una redención quizás cristiana incapaz de convivir con el olvido. ¿De qué lado del juego estamos? Respuesta: quien arrastra una infamia no confiesa sus faltas y al que le duele una agresión irreparable no perdona.

Al captar fotogénicamente el caos peatonal de la carrera séptima y el feo eje ambiental de la Avenida Jiménez, Guerra enfoca su atención en ese costado oriental de la ciudad que sirve de refugio boscoso –así sea efímero– a quienes superan el silencio para enseguida exorcizar los terribles capítulos del pasado. El cuadro general es minimalista ya que su anécdota se reduce a lo esencial, los dos personajes redondean sus perfiles y la superflua decoración brilla por su ausencia.

Con una pequeña cámara digital, su imagen en blanco y negro fue transferida al soporte celuloide para poder ser apreciada debidamente por el público. El resultado final es una pieza discreta que difiere de otras por cuanto es personal, posee un estilo propio, controla el ritmo y ese toque inconfundiblemente poético presente en cada toma. Serenos movimientos de la música original, más una sonata para piano de Schubert, le aportan dignidad en términos tanto artísticos como humanos. ¡Bravo!

* Publicado en El Tiempo el 8 de abril de 2005.

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