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Personal Shopper: Una oportunidad perdida

Maureen es una estadounidense viviendo en París y ejerce como compradora personal para una celebridad, un trabajo que odia. No obstante debe soportarlo, pues solo allí podría percibir el espíritu de su hermano gemelo Lewis, muerto en extrañas circunstancias. De repente surgen desconcertantes mensajes en su chat del celular, pareciera un acosador más, pero quizás sea una muy sobrecogedora manifestación.

Más que un relato de ejecución fallida, quiero pensar en Personal Shopper como una deficiente instalación de arte conceptual, donde los elementos se plantean, pero ignora que pretende ser y cree saber hacia dónde va.

Es un salpicón de buenas ideas mal desarrolladas como conjunto, pero que en retazos posee momentos o secuencias al menos atractivas. Pretende crear una maquinaria innecesariamente compleja para fichas tan cercanas como las cargas internas, la endeble identidad, la soledad, y sobre todo, la muerte. Al final es un thriller de contemplar y olvidar.

Presenta un núcleo muy denso y que pudo confrontar, sin embargo, se disuelve ante el tratamiento más burdo y risible de lo taumatúrgico. Por ello, obtienes en lugar de una contundente abstracción metafórica, una torpe, pobre e involuntaria sátira sobre los tópicos de un género. Es casi metahumor aleatorio y accidental disfrazado de aguda deconstrucción.

Su anodina estructura es cansina, con seres sin reales dimensiones, apenas esbozos. Carente de enfoque, solo es mera concatenación entre elipsis y otras transiciones insípidas. Además, como buen cascarón sin contenido, está filmada con cuidado y elegancia; sus encuadres y desplazamientos llegan a una inmersión parcial mas truncada por la mediocre exposición de lo demás.

Quizás por eso es una obra perfecta para los tiempos que corren, dispuesta a sobrelecturas y complaciente para cierto público nada exigente, pero nada consciente de ello frente a esta u otras muestras de transgresión condicionada y ambigüedad artificial.

Olivier Assayas con Demonlover o Las nubes de Sils Maria –que pudo ser mejor- al menos concretaba lo que deseaba.

 

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