PÁJAROS DE VERANO: HIERBA CRECIENDO EN EL DESIERTO

Pájaros de verano llega a la cartelera colombiana precedida del gran mérito de ser la primera película colombiana en inaugurar la prestigiosa sección “Quincena de realizadores” del festival de Cannes 2018. Dirigida por Ciro Guerra y Cristina Gallego, esta película promete ser uno de los mayores éxitos del año.  

Ciro Guerra es hoy en día uno de los nombres más importantes del cine colombiano y con su nueva película Pájaros de Verano promete igualar o superar el éxito de su predecesora El abrazo de la serpiente (2015).  Esta película, sin embargo, marca el debut en la dirección de Cristina Gallego, quien ha sido pieza fundamental en la producción de la filmografía anterior de Guerra.  Pájaros de verano surge de una idea original de Cristina, quien además de codirigir, es productora. Aunque es difícil definir en donde interviene cada uno de los directores, es claro que Pájaros de verano se parece tanto como se aleja de sus obras anteriores y que esta mirada dual aporta una gran riqueza al abordaje de la historia.

Aunque muchos la han comparado con El padrino (The Godfather, 1972) Buenos muchachos (Goodfellas, 1990), Caracortada (Scarface, 1983) y otros clásicos del cine de gangsters norteamericano, es importante subrayar que el parecido solo se establece con la temática y algunas características del género que hacen la historia más accesible al gran público, pero la comparación es tan injusta con los clásicos del cine como con la película colombiana que no pretende emularlos e incluso va más allá, aportando ingredientes interesantes y originales.

Tomando como telón de fondo las exuberantes locaciones del desierto de la Guajira y la Sierra nevada de Santa Marta y como contexto histórico el origen del narcotráfico en Colombia y la bonanza marimbera de finales de la década del 70, Pájaros de verano es una historia sobre familia, honor y tradición, bien ambientada y desarrollada desde su propuesta visual y sonora y narrada desde la seriedad que da un riguroso trabajo de investigación de más de 10 años para el desarrollo de su guion original.

Sin pretender ser una mirada antropológica sobre la cultura de las regiones colombianas, el tema indígena o el origen de los negocios ilícitos en el país; películas como Los viajes del viento (2009), El abrazo de la serpiente (2015) y Pájaros de verano (2018) han logrado trazar una geografía cinematográfica colombiana que trasciende el preciosismo y muestra las culturas desde adentro con respeto y sin romanticismos.  Lo indígena, por tanto, no se infantiliza ni se mira con condescendencia y emerge nuevamente en la filmografía de Guerra-Gallego para poner en escena la tensión entre nativos y colonos sin caer en la tentación de caracterizar desde los estereotipos ni culpar al “Alijuna” (hombre blanco) de las desgracias de las comunidades nativas. El paisaje, por su parte, va más allá de ser un telón de fondo para convertirse en un personaje más que marca de manera definitiva el carácter e idiosincrasia de los protagonistas.

Los personajes son pieza fundamental de la historia y el guion es consecuente al presentar su evolución (o involución) a lo largo del metraje. Aunque el protagonismo recae al inicio sobre Zaida, la joven wayuu que sale de su encierro para convertirse en mujer, esposa y madre y, posteriormente, sobre Rapayet, el hombre que la pretende en matrimonio para ingresar, también, a la familia Pushuaia; buena parte del peso de la historia reposa en Úrsula Pushuia, la matrona y jefe de la familia, guardiana del talismán, quien posee la habilidad de tener sueños premonitorios y un sexto sentido para anticipar los hechos y descifrar las personas.  Aunque el nivel de la actuación es bastante aceptable y los personajes están bien delineados desde el guion, no se logra encontrar una conexión emocional profunda con los protagonistas, en parte por este cambio de foco en la conducción de la historia.

A diferencia de sus dos películas anteriores, Guerra y Gallego apuestan en este nuevo proyecto por los actores profesionales y el resultado se nota en la poderosa actuación de Carmiña Martínez, actriz de amplia experiencia en el teatro, y en un elenco bastante parejo que no permite que la tensión caiga.  En Pájaros de verano los actores profesionales lucen naturales y aportan para que los no-actores no desentonen.  Personajes claves como Peregrino (el palabrero), Aníbal y Leonidas son interpretados por personas de la región sin experiencia actoral que, no obstante, logran una actuación bastante decorosa, contribuyendo a un mayor realismo de la trama.  El casting es correcto y balanceado y la historia avanza sin baches ni incómodos momentos de sobreactuación.

Las tradiciones y rituales del pueblo Wayúu, igualmente, se miran con respeto y se fotografían con gran sentido estético, pero sin perder la naturalidad. La decisión de escribir los diálogos en dialecto Wayunaki y la cuidadosa dirección de arte son también méritos de una película que, a pesar de estar cargada de simbolismo y una alta dosis de imaginería indígena, llega con facilidad al público general lo que, en teoría, debería garantizarle una buena aceptación y taquilla en las salas de cine comerciales.

Pájaros que representan muerte, langostas que avizoran tragedias, sueños premonitorios y talismanes que se ganan con honor hacen parte de la imaginería de la película y se suman a los rituales tradicionales del pueblo Wayúu que cobran sentido e importancia dentro de la trama añadiendo un gran valor narrativo que trasciende la anécdota. La hierba crece en el desierto y a su paso cambia conciencias, tradiciones y lealtades.  El gringo (con la excusa de los cuerpos de paz) profana el territorio para traficar con ella, el alijuna se empodera con grandes sumas de dinero e irrespeta las normas que antes aceptaba aun sin entender y el indígena se corrompe por el dinero, cambia sus costumbres y traiciona su legado.  Las tumbas se convierten en refugio para las armas, las armas reemplazan la palabra y el territorio se transforma por una nueva estética que es fiel reflejo de una nueva ética.

La palabra, encarnada en la figura del palabrero, es fundamental dentro de la historia como símbolo de respeto y resistencia a la fuerza y a la violencia.  Solo el palabrero puede dirigirse a los miembros más respetados y su beneplácito suele ser suficiente para garantizar la transparencia de cualquier negociación.  Al matar la palabra se acaba el honor y viene la tragedia. La película, como nuestra historia, es cícilica y solo los palabreros y los líderes de las tribus pueden restablecer el orden arrasando a las familias malogradas como quien arranca la mala hierba: con violencia y sin contemplaciones.

Con esta película, el nombre de Ciro Guerra seguirá brillando en el ámbito internacional, sumado ahora al de Cristina Gallego, artífice clave de sus películas anteriores desde la producción y que ahora se vislumbra como una voz autoral con fuerza propia. Pájaros de verano es un paso adelante hacia el tipo de cine que esperaríamos en Colombia: Uno que narre las historias de la mejor forma posible, llegando a un público amplio sin hacer mayores concesiones. Un cine que también nos represente como el país diverso, multicultural y multiétnico que somos.

Jerónimo Rivera

Profesor universitario desde hace 17 años. Ha sido profesor de guión, apreciación cinematográfica y dirección de actores en universidades de Medellín y Bogotá y profesor invitado a universidades de México, Ecuador y España. Comunicador social-periodista de la Universidad de Antioquia, altos estudios en dirección escénica de la EICTV de Cuba, Magister en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana y candidato a Dr. por la Universidad de Navarra.

Director y fundador de la Red Iberoamericana de Investigación en Narrativas Audiovisuales (Red INAV), par académico de Colciencias (Colombia) y CYTED (Iberoamérica) y miembro del comité editorial y científico de más de 10 publicaciones internacionales. Ha escrito artículos y dictado conferencias en Estados Unidos, México, Cuba, El Salvador, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Argentina y España.

Autor de los libros “La imagen una mirada por construir”, “Narrativas audiovisuales: Personajes, acciones y escenarios”, “Cine: Recetas y símbolos. Guía para entender el cine sin dejar de disfrutarlo” y “Héroes y villanos del cine iberoamericano”.

Actualmente es profesor investigador de la Universidad de La Sabana y escribe sobre cine y cultura en sus blogs “Jerónimo Rivera Presenta” (www.jeronimorivera.com) y “El tiempo del cine” del diario El Tiempo; así como en columnas esporádicas en el diario El Nuevo Siglo. Dirige, además, el programa de radio “Tiempo de Cine” en Unisabanaradio y el canal de Youtube Alucine.

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