NADIE NOS MIRA: ENTRE EL SER Y EL ESTAR

El 5 de julio se estrena Nadie nos mira, de Julia Solomonoff, una película sobre la masculinidad, la identidad y la migración rodada en New York y producida por cinco países, entre los que se destaca Colombia.  

No hay muchas películas que hablen de la masculinidad.  Ser hombre se asume y listo y, más allá de las preferencias sexuales, hay una serie de códigos implícitos que van desde las convenciones sociales hasta los prejuicios derivados del machismo.  Ser hombre, sin embargo, tiene sus desventajas en el campo sentimental, pues se supone que los hombres no hablamos ni expresamos abiertamente nuestros sentimientos y cualquier asomo emocional puede ser leído como signo de debilidad. Nadie nos mira es una película protagonizada por un hombre que nos deja acceder a sus sentimientos, angustias e inquietudes de la mano de una directora con gran sensibilidad, Julia Solomonoff.

El protagonista de la película, Nico, lleva todo el peso de la narración y, gracias a la magistral interpretación de Guillermo Pfening, nos permite adentrarnos en el universo íntimo de un hombre de 30 años en busca de su propia identidad. Nico es un actor argentino que ha obtenido un cierto reconocimiento en su país al ser uno de los protagonistas de una exitosa telenovela, pero decide emigrar a Nueva York detrás de la propuesta de actuar en un largometraje que se convierte en la excusa perfecta para escapar de una dañina relación sentimental con un hombre casado, que es además el productor de la telenovela en mención.

Nico es actor y quiere seguir siéndolo, por eso se aferra a la posibilidad de filmar la película y se rehusa a abandonar la ciudad esperando una gran oportunidad, a pesar de tener opciones en otros lugares de Estados Unidos y, más aún, en Argentina.  Nueva York ha sido llamada “La capital del mundo” y es la ciudad que suelen buscar las celebridades para dejar de lado la fama y caminar tranquilamente en un lugar donde “Nadie nos mira”.  A pesar de la fama en su país, Nico es un habitante más de la gran manzana y lejos de su natal Argentina es otro inmigrante que debe luchar por la supervivencia diaria como mesero, niñero o lo que resulte.  Como muchos inmigrantes, el protagonista de esta película vive en un permanente estado de desarraigo.

Nico se confronta con su profesión al no conseguir trabajo por su extraña condición de ser un latino rubio, demasiado rubio para interpretar un latino y sin un inglés perfecto para asumir un personaje anglosajón. Se confronta también con su soledad, compartiendo tiempo con una amiga argentina a quien le cuida su bebé y con otras “madres” latinas que encuentra frecuentemente en el parque infantil. Se confronta con el amor al no superar su más reciente relación (terminada hace más de un año) y no encontrar alguien que le interese románticamente.  Se confronta con la paternidad al encariñarse con el niño que cuida devotamente como si fuera suyo.  Nico se confronta con la fama también al recibir a un antiguo colega de la telenovela, que le presenta un espejo de lo que él mismo podría ser si continua por el camino fácil de ser famoso haciendo un trabajo que no satisface, pero ofrece dinero y popularidad.

La película presenta un sutil pero contundente retrato del inmigante que en medio de su soledad se hace las preguntas más trascendentales y vive en medio de una lucha interna entre sobrevivir o ir detrás de los sueños. Entre el ser y el estar, como comenta su exnovio, un artista norteamericano, que en uno de los más brillantes diálogos de la película le pregunta por los distintos significados del verbo “To be” en español y al entenderlo le dice: “Entonces tú estás en New York, pero eres Argentina”.

Además de la historia presentada en la puesta en escena, esta película es un interesante ejercicio de coproducción entre varios países: Argentina, Colombia, Brasil, España y Estados Unidos.  Muchos de quienes participaron en la producción, empezando por la directora, son latinoamericanos que viven o han vivido temporadas fuera de sus países y que, en un interesante ejercicio narrativo, cuentan a través de la historia de Nico la de muchos inmigrantes que llegan a una metrópolis buscando materializar sus sueños.  La productora colombiana es Mad Love, en cabeza de Natalia Agudelo Campillo y la directora, Julia Solomonoff, ha estado al frente de películas como El último verano de la Boyita (2009) y Hermanas (2005).

Nadie nos mira ha tenido un buen recorrido por festivales, principalmente de temática LGTBI, lo que puede ser meramente circunstancial pues más allá de la condición sexual de su protagonista, no se trata de una película militante ni su argumento gira alrededor de la temática gay;  El protagonista expresa claramente su sexualidad, su círculo más cercano la asume con naturalidad y sus problemas se relacionan con asuntos emocionales, profesionales y de índole económico.

La película, bellamente fotografiada, transita entre las distintas estaciones con gran naturalidad.  Su montaje es fluido y da cuenta del paso del tiempo sin necesidad de marcarlo, así como pasan los días cuando nada relevante ocurre.  El guion funciona muy bien por su sencillez, mediante una narración pausada y sin aspavientos, que logra mover a la reflexión sin necesidad de usar grandes efectos o giros de la historia y sin abandonar al protagonista ni caer en la tentación de pontificar acerca de los temas que aborda.  Como se ha dicho, uno de los grandes aciertos de la cinta es la interpretación de su protagonista, Guillermo Pfening, cuya actuación le valió el premio del festival de Tribeca y tiene el gran mérito de cargar con el peso de buena parte de la película con un personaje natural y coherente, fuerte y tierno al mismo tiempo, en suma, un personaje muy humano que permite a los espectadores una clara identificación con su dignidad e integridad.

Nadie nos mira llegará a las pantallas colombianas la primera semana de julio y esta será la oportunidad de ver una película sobre la identidad, la masculinidad, la solidaridad y la condición habitual del inmigrante: No saber si está momentáneamente en un lugar o si echa raíces para definitivamente ser de allí.

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