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Mamá: Un retrato imperfecto, pero honesto.

Sara va con su pequeña hija Nicole a la casa de su madre Victoria, a quien no veía desde hace mucho tiempo por conflictos pasados entre ellas, y la niña apenas si recuerda a su abuela. Ella debe regresar a la ciudad para resolver algunos asuntos, entonces Victoria está de acuerdo en cuidar a su nieta durante el fin de semana, cuya convivencia será muy significativa. Sin embargo, todo dará un giro cuando surja la verdad sobre aquellos asuntos y todo cambie para las tres mujeres.

A manera de regulación emocional, requiere librarnos en ocasiones del cinismo y la hostilidad de nuestro entorno, también reflejado en un cine más incisivo, aunque urgente al escudriñar en los claroscuros del comportamiento humano. Por ello en un justo balance, es menester la gestación de obras sencillas y cristalinas, capaces de transmitir, o redimir, lo esencial en los más nobles actos y sentimientos dentro de relatos realmente sensibles; además de no subestimar la inteligencia del público.

Por lo anterior Mamá, la opera prima de Philippe van Hissenhoven, es necesaria. Por supuesto es un cuento moral, pero se percibe natural y humilde, sin grandilocuencias, ofreciendo una experiencia tan conmovedora como universal.

Exhibe lo idílico en la cotidianidad, a la vez que da una mirada esperanzadora bien llevada. Aquí la inmersión del espectador es conseguida, carente casi de insistencias del lenguaje o efectismos demasiado evidentes. Comprende cierta sutileza en su directa propuesta y pavimenta con sinceridad el recorrido de su mensaje sobre los vínculos afectivos y el tiempo, a pesar de un guión de simple esquema y previsible resolución.

Como todo primer trabajo, tiene inconvenientes en su ejecución. Posee actuaciones algo afectadas, leves declives en su ritmo y tenue creatividad en la puesta en escena, pues de su minimalismo era posible trazar sinfín de matices. Cual sea el tono, Yasuhiro Ozu, Aki Kaurismaki, Jim Jarmusch o Hirokazu Koreeda, entre otros, son ejemplos de lo implícito en lo mundano y su importancia al potenciar una narrativa, por lo que Hissenhoven pudo aprovecharlo mejor y concretar acercamientos de mayor intimidad. Aun así tiene contados momentos logrados, quizás alguno memorable por su calidez y agradecida honestidad.

Para ojos casuales será mera evasión, pero en tiempos recientes tan convulsos, es una contundente reafirmación de virtudes cercanas, que muchos han olvidado.

 

 

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