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La nueva Cinemateca La Tertulia: Otro comienzo y renovado amor cinéfilo

He vivido muchos años en Cali, y uno de mis pocos refugios ante el frenesí de la vida citadina, además de ser un punto cultural esencial en la ciudad, es la Cinemateca del Museo de Arte Moderno La Tertulia; donde aparte de contemplar otras miradas y acercamientos artísticos en la gran pantalla,  podía compartir anécdotas, aguzar percepciones e ironizar sobre la vida, ya fuera con personajes reconocidos del círculo intelectual caleño o acompañado de mis amistades cercanas sosteniendo bebidas heladas. No puedo evitar recordar, por ejemplo, ver Fish Tank de Andrea Arnold, una de mis películas favoritas, y luego comentarla o desglosarla con mis acompañantes al salir de la sala; también en ocasiones iba solo y continuaba el deleite cuando una buena cinta rondaba por mi enrevesada cabeza horas después.

Después de todo, más que presentar otros lenguajes, temas y demás aristas del ser humano proyectadas en su estatus de sagrado espacio cinéfilo, la sala ha preservado las miles de experiencias vitales o cotidianas de sus espectadores durante estos 42 años.  Despertando ilusiones en aquellos que se identificaban con historias en verdad arraigadas en las manifestaciones humanas universales e íntimas dentro de vastas idiosincrasias; algunas veces más orgánicas y honestas que en un complejo multiplex.

Por lo anterior, era crucial para mí asistir a la despedida de este recinto el pasado 31 de agosto, sin embargo no será permanente, pues dará paso a una muy necesaria remodelación y así reactivar el innato magnetismo o carisma del ya consagrado lugar. Verán, por temporadas la asistencia ha tenido sus altas y bajas, pero con el apoyo del Ministerio de Cultura, gradualmente se han implementado elementos como un nuevo proyector digital y un equipo de sonido 5.1; solo quedaría cambiar las sillas, la iluminación, el suelo y demás detalles confortables para futuras aventuras. Actualmente se ha puesto en marcha una campaña de crowdfunding en pos de ese impulso para que todavía rueden los fotogramas. Si desean mayor información, pueden ir a la página del museo o directamente a la plataforma de Indiegogo, ambas las pondré al final del texto.

La velada de despedida dio inicio con el visionado de un video promocional sobre la iniciativa, con breves intervenciones de realizadores como Cesar Acevedo, Jorge Navas, Diana Montenegro, William Vega, e incluso grandes nombres locales como Antonio Dorado y por supuesto el gran historiador y primer director de la Cinemateca, Ramiro Arbelaez. Es menester recordar que Arbeláez era miembro del Grupo de Cali –o Caliwood para los amigos-, legendario colectivo artístico y cuyos integrantes eran Andrés Caicedo, Luis Ospina, Carlos Mayolo, Fernell Franco, Eduardo Carvajal, entre otros; quienes consiguieron fomentar una entrañable formación de públicos mediante su proyecto del Cineclub en los años 70, cuya cede original era el extinto teatro San Fernando; de hecho, suelo pasar caminando por ahí cerca y es inevitable ensoñar un poco con aquellos días al verlo convertido ahora en la sede de una congregación cristiana.

Luego del video intervino Ramiro y nos contó acerca de cómo junto a Caicedo y compañía, pudieron utilizar el espacio en su etapa temprana –anécdota que pueden encontrar descrita en la página web-, y así, en medio de paredes desnudas, sin sillas, mucho menos pantalla; con unas sabanas templadas, dos proyectores de 16 mm y la gente sentada en las gradas, el 6 de mayo de 1975 empezaron las proyecciones con el largometraje boliviano  Sangre de Cóndor (Yawar mallku) de 1969 y dirigido por Jorge Sanjinés, que se exhibió esa misma noche a manera de homenaje y cierre a este ciclo en el santuario fílmico.

Co-escrita por Sanjinés y Oscar Soria, relata las desventuras de un grupo indígena que recibe atención médica de una organización estadounidense llamada Cuerpo del Progreso -hace referencia al Cuerpo de Paz obviamente-  pero, detrás de su aspecto bien intencionado, en realidad esterilizan en secreto a las mujeres de la comunidad.

Claramente esta debía ser la cinta inaugural de la sala en aquella época, pues mostraba otro panorama, planteamientos y conocimientos en su lenguaje de enfoque no convencional, la principal intención de un espacio como la cinemateca. En su momento y a modo de réplica, aún tan importante en nuestros tiempos, expone las desoladoras consecuencias de la intrusiva intervención extranjera en el modo de vida, costumbres e identidad del entorno indígena. Contundente cine político de denuncia; que si bien bajo una lupa actual se percibe algo tosco y tal vez demasiado sencillo en su tratamiento con cierta laxitud -a pesar de la interesante estructura apelando al flashback-, es una digna pieza histórica que genera relevantes meditaciones sociológicas y ecos, diría yo, al neorrealismo italiano.

Terminada la película salí de la sala, no sin antes tomarme un lapso al retener en mi memoria las texturas, luces y colores próximos a desaparecer. Observé a mí alrededor un rato las fachadas del edificio y a la gente migrando, tan solo para dejarme envolver por la brisa nocturna y sentarme en un muro cercano, mientras miraba al frente sin un punto fijo. Las imágenes se develan, las palabras calan y las sensaciones se deconstruyen hacia conclusiones aún esbozadas en lo que intento escribirles ahora mismo. Puedo decir carente de adornos que no hay un adiós, sino un hasta pronto antigua conocida.

Y así concluyo otro rollo en mi aún creciente metraje.

 

Página de La Tertulia: www.museolatertulia.com

Campaña en Indiegogo: https://www.indiegogo.com/projects/la-nueva-cinemateca#/ 

Vídeo de la campaña en Youtube

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