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Home y Amazona: Dos madres una pregunta.

Hace un poco más de una década era impensable que al mismo tiempo se presentaran dos películas colombianas en cartelera. Tampoco era viable que una película documental de largometraje llegara a las salas o que varias directoras pudieran tener presencia en la reducida escena cinematográfica nacional. La ley de cine ha hecho posible que Colombia estrene hoy más de 40 películas cada año, que varios documentales lleguen a la cartelera (incluso simultáneamente) y que cada vez más mujeres se pongan detrás de la cámara para contar sus historias con calidad y buena respuesta del público. Aunque quedan asignaturas pendientes relacionadas con exhibición, distribución y formación de públicos, la tarea de aumentar la producción de películas ha sido cabalmente cumplida gracias al FDC (Fondo de desarrollo cinematográfico), creado por la ley del cine.

Desde 2004 se han proyectado en las salas de cine alrededor de 20 largometrajes documentales colombianos. Aunque la cifra aún es muy baja (menos del 10% del total de la producción nacional), sorprende positivamente constatar que la mayoría de los mismos han sido presentados después de 2014, lo que demuestra un creciente interés por este tipo de películas por parte de los exhibidores. Por otra parte, después de tener una historia hegemónica de películas nacionales dirigidas por hombres, en los últimos años han surgido nombres sólidos de realizadoras como Patricia Ayala Ruiz (Don Ca, Un asunto de tierras), Laura Mora (Antes del fuego, Matar a Jesús) y Libia Stella Gómez (La historia del baúl rosado, Ella), entre otras, que se suman al de otras directoras con experiencia como Camila Loboguerrero y la imprescindible Martha Rodríguez[1].

HOME Y AMAZONA:

Los temas de los documentales colombianos son tan variados como nuestra misma realidad y en un alto porcentaje se dirigen a aclarar hechos dolorosos y confusos que hacen parte de nuestra historia de violencia y que, gracias a las imágenes, pretenden darlos a conocer para sanar las heridas. Son frecuentes también los documentales sobre la diversidad de las regiones del país, personajes destacados de nuestra historia e historias de vida. No es frecuente, por tanto, que se presenten retratos íntimos y personales articulados a través de la más trascendental de las preguntas: ¿Quién soy? y con la madre de la directora como protagonista. En esta dirección apuntan los documentales Home, el país de la ilusión (Josephine Landertinger, 2016) y Amazona (Claire Weiskpof, 2017). Aunque sus nombres lucen foráneos, Josephine y Claire son colombianas, hijas de colombianos con extranjeros, y estrenaron hace poco sus óperas primas documentales en el circuito nacional cinematográfico.

Home, el país de la ilusión aborda la pregunta por el ser desde otra más concreta: ¿De dónde soy? Y para hacerlo, su directora cuenta la historia de su madre, una mujer colombiana que ha vivido en varios países y de cada uno ha incorporado elementos fundamentales que le impiden definir a ciencia cierta cuál es su país. Cualquiera podría argumentar que las fronteras no son más que límites arbitrarios, pero lo que pone en juego este interesante documental es el desarraigo, la sensación permanente de sentirse extranjero en cualquier parte. Josephine sigue con su cámara a su madre y aparece también como personaje en ese viaje por su pasado y sus propias raíces en una indagación ontológica que no tiene una única respuesta, pero guiada sin duda por el amor hacia la figura materna, detonada ante la inminencia de su propia maternidad.

Amazona, por su parte, es un viaje íntimo al pasado de la directora provocado también por su propia maternidad y por la pregunta sobre lo que realmente significa ser madre. Al imaginario popular de que la maternidad es la realización de lo femenino y de que una madre hace todo por sus hijos, la protagonista y madre de la directora responde con un contundente: “La persona más importante en el mundo es uno mismo, si uno se sacrifica por los hijos después estará buscando que ellos hagan lo mismo”.

Este trabajo, no obstante, no busca juzgar a su protagonista, si no entender la maternidad como un proceso que se asume personalmente y el papel que el mismo ocupa en la vida de una mujer. A partir de una vida errante y de aventuras de una británica que alguna vez llegó a Colombia y se enamoró de la selva, su hija elabora preguntas (muchas de ellas sin respuesta) sobre su propia infancia y adolescencia en un contexto muy poco convencional, enmarcado por el movimiento hippie.

Desde una mirada muy personal, ambas películas logran involucrar al espectador para sentir que estas historias también tienen que ver con nosotros y con nuestro país. En ambas es notable el desarraigo como condición de quien se siente ciudadano del mundo, sin raíces profundas en ninguna parte y la necesidad de hacer balances en algún momento de nuestras vidas.

Es de resaltar que el cine colombiano elabore y permita presentar estas historias en la gran pantalla, pues a partir de estas preguntas fundacionales, las directoras logran mover en el público una reflexión alrededor de la identidad. Se trata de dos trabajos honestos y rigurosos en los que las directoras no escogieron la historia de personajes notables, pero sí a quien es más importante en su propia vida (como en la de la mayoría de seres en este planeta): su propia madre para terminar, en últimas, hablando de ellas mismas.

[1] En mi página https://jeronimorivera.com/cinecolombiano/ pueden consultar una lista completa de películas colombianas desde sus inicios hasta hoy.

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