‘Gauguin: Un Viaje a Tahití’: La inmensa soledad del artista frente a la realidad

Paul Gauguin (1848 – 1903) además de ser reconocido como uno de los maestros del post impresionismo, demostró durante su vida un espíritu de libertad y compromiso con su arte al dejar su vida de corredor de bolsa en París para dedicarse a la pintura, y luego renunciar a su familia para internarse en el corazón de Tahití con el propósito de ir en busca de la expresión más pura del arte, también, su vida fue un símbolo de la lucha del hombre por encontrar un mundo ideal, donde los valores de la supervivencia y el materialismo se diluyan en el encuentro de una utopía de pureza e idealismo.

Esta lucha titánica que lo llevaría a la pobreza y al desprecio de la crítica de su tiempo ha sido llevada al cine por actores como Anthony Quinn y Kieffer Sutherland, quienes encarnarían el rol de este héroe trágico de la pintura en obras cinematográficas como ‘Lust for Life’ de 1957 y ‘Paradise Found’ de 2003 , retratando con profunda emotividad y compromiso dramático la lucha de este pintor por encontrar lo que él consideraba era la esencia pura del arte, motivación que lo llevaría a Papeete, ciudad de la Polinesia francesa con el fin de lograr una obra pictórica de más de sesenta y seis lienzos y esculturas que harían parte de su recordada exposición de 1893 en Paris.

Ahora, desde el próximo 29 de noviembre llega a las carteleras cinematográficas del país ‘Gauguin un viaje a Taití’, producción basada en el diario de viaje ‘Noa Noa, Viaje a Taití,  protagonizada por el multifacético actor francés Vincent Cassel y bajo la dirección de Edouard Deluc, nominado al premio Cesar 2010 por su cortometraje ‘¿Dónde está Kim Bassinger?’. Quienes llevan al espectador por la historia de Paul Gauguin desde sus años de bohemia en París, donde arriesga hasta el amor de su familia para vivir de la pintura y encontrar su propio estilo, su viaje a Taíti donde conocería a su musa la bella nativa Maorí Téhura, que el mismo denominaría su ‘Eva primitiva’ hasta el momento en el que debe regresar a su Francia natal, abatido por el abandono de su amada y la ruina económica y emocional que lo llevaría a su muerte en la pobreza en el año 1903.

 

La isla de Tahiti, seria el lugar donde Gauguin trataría de encontrar su visión más pura del arte

 

Empero, esta producción no se centra en detalles biográficos sino explora la batalla entre su anacrónico romanticismo, donde Gauguin busca su propia identidad como pintor, apoyado con una fotografía abierta, donde los planos generales de los exóticos paisajes de esta isla polinesia, como sus inmensas montañas, sus bosques y sus ríos contrastan con la colonización europea de toda la región que le ofrece al espectador la crudeza de la realidad vivida por las necesidades y carencias de un hombre que lo dejo todo para vivir su utopía, pero cuyos planos cerrados y sus largos silencios demuestran que Gauguin llegaría a ser un solitario coloso que no podría ganar la batalla contra las necesidades mínimas y la supervivencia.

Asimismo, esta producción se centra en el amanecer y el cenit de su relación con su segunda esposa Téhura, quien es el símbolo más claro de la manera en que la cultura europea permeo en las comunidades nativas de esta isla polinesia, mostrando como Gauguin se enamora de su libertad como mujer, de su encanto y exotismo hasta volverla su musa pero también como esta mujer cansada de la pobreza y las utopías del pintor lentamente va alejándose de él por un hombre nativo que tiene mayores habilidades de adaptarse a los cambios de la modernidad  y satisfacer sus necesidades básicas, mostrando los sacrificios, celos y temores que este pintor tiene de perderla y la irreversible derrota final que Gauguin padece cuando ella posa por última vez para el antes de partir de su viuda para siempre.

La hermosa nativa Téhura sería la musa de las obras más grandes de Gauguin.

Esta relación claramente simboliza la manera como los sueños se desgarran ante la desolación de la realidad y como las alegrías del naturalismo brindado por las tradiciones nativas se convierten en la realidad de la supervivencia, el rechazo y el descrédito por parte de una sociedad que no puede entender la necesidad de creación e imaginación que está latente en el interior del espíritu humano.

De igual manera, esa lucha entre el romanticismo estético, la búsqueda de lo exótico y la esencia individual frente al realismo de un mundo que exige sobrevivir, son unas constantes dentro de la producción, gracias a una efectiva banda sonora, donde los momentos del viaje de Gauguin a esta isla polinesia se ven plasmados con melodías de violines y pianos, mientras la difícil vida real, donde los trabajos mal pagos, el desprecio por su arte y la necesidad de supervivencia, no cuentan con nada más que el sonido incidental y los diálogos cotidianos de un hombre que ha dejado todo por buscar la esencia del arte mismo que en vida jamás se le reconocería.

La soledad y la precariedad terminarían siendo las compañeras de Gauguin en su búsqueda estética 

Así que este filme, a través de una profundización emotiva de la relación entre el maestro del post impresionismo y su segunda esposa maorí, su delicado trabajo visual y sonoro y la actuación consagrada de Cassel, logra generar en la audiencia una profunda reflexión sobre la abisma soledad que tiene aquel que lo arriesga todo por un compromiso estético y personal, haciendo que sienta en su interior toda la desazón emocional que significa sentir del vacío de perderlo todo por una utopía personal que solo sería reconocida por críticos y autores futuros.

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