Vincent Cassel

Durante la próxima edición del Festival de Cine de Cartagena (1 al 6 de marzo) se le rendirá tributo al versátil actor francés Vincent Cassel.

(Están en negrilla las películas que se proyectarán durante el FICCI)

Intenté pensar qué adjetivo lo podría describir mejor y creo, sin temor a equivocarme, que no puede ser otro que encantador. Y es que Cassel tiene la habilidad, no solo de actuar bien sino de darle, siempre, un particular atractivo a los personajes que interpreta.

Su carrera empezó cuando aún era muy joven. Estudió un tiempo en Nueva York y quizás por eso no temió, como otros actores franceses, cuando tuvo la oportunidad, años después, incursionar en el cine norteamericano. Regresó a París y tras algunas películas, cortometrajes e incursiones en TV conoció al director que cambiaría su vida: Mathieu Kassovitz. Participó en la poco conocida Metisse (1993) de este director francés y fue en 1995 con El Odio (La haine), en donde interpretó a un joven marginal de los suburbios de París, que su carrera se disparó. Cassel demostró con creces en esa interpretación su fuerza actoral.

A partir de ahí se multiplican los papeles. Lo que parece siempre ser una constante es que ni lo escogen para hacerlo, ni a él le gusta, interpretar personajes anodinos, caracteres del montón. Lo seducen los personajes inclasificables, ya sea porque bordean la oscuridad ( o se sumergen en ella sin contemplaciones) o porque llenos de fuerza vital pueden difícilmente contenerla. Una muestra de esto es su papel de Doberman, el líder de una temida banda criminal, en la película del mismo nombre, estrenada con éxito en 1997. Allí compartió créditos con la que fue su esposa durante varios años: la espectacular Monica Belucci.

La experiencia de rodar juntos les gustó y la repitieron en varias ocasiones entre ellas en la controvertida y polémica Irreversible, una película dirigida por Gaspar Noé que explora la violencia y el deseo de venganza. Pero que no se me pase decir que antes de asumir este reto, justo el año anterior, Cassel se puso al servicio del talentoso Audiard y brilló en Lee mis labios (Sus mes lèvres) como Paul Angeli, un ex convicto conflictivo, manipulador y atractivo que se involucra con una mujer que tiene problemas de audición.

En 1998 hizo su primera incursión en una película de habla inglesa interpretando al Duque de Anjou en Elisabeth, que contó con una Cate Blanchett magistral en el papel de la monarca.

Hollywood no tarda en poner sus ojos en él y Cassel se convierte en el carismático villano François Toulour en las taquilleras Ocean´s Twelve y Ocean´s 13 pero, sin duda, en donde consigue brillar es en El cisne negro (Black Swan) en donde interpreta al exigente y perverso director de ballet que busca sacar el lado oscuro de la voluble y perfeccionista Mia, interpretada por Nathalie Porman.

En Francia el papel que le valió el César y que marcó un punto muy alto en su carrera fue su interpretación del bandido Jacques Mesrine en esas dos películas que cuentan su increíble vida: L´instinct de mort y L´ennemi public No 1.

En fin, la lista de películas en las que ha participado es larga porque si algo ha caracterizado a Vincent Cassel es el mantenerse activo, es más, en los últimos años parece tener muchos más ímpetus para realizar diversos y variados proyectos. El año pasado, precisamente, tuvimos la suerte de tener en la cartelera colombiana Mi amor (Mon roi), prueba irrefutable del encanto que despliega este actor como lo señalé al inicio. Muy difícil no sucumbir ante Georgio Malevski, el personaje interpretado por Cassel, quien no es otra cosa que un seductor y manipulador redomado pero qué difícil, por no decir imposible, es no sucumbir a sus artimañas como le sucede a Tony, su mujer, que roza la locura en su esfuerzo tanto de quedarse con él como de dejarlo.

Ahora, en el FICCI, será posible ver a este polifacético actor en la gran pantalla en varias de sus películas y en uno de sus papeles más recientes (le valió una nominación a los César este año como mejor actor de reparto) en Solo el fin del mundo (Juste la fin du monde) de Xavier Dolan, y con, algo de suerte, quizás hasta topárselo en alguna calle de Cartagena..

 

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