Entrevista a Ruth Caudeli, directora de la película ¿CÓMO TE LLAMAS?

Ruth Caudeli nació en España pero ha vivido en Colombia desde hace un buen tiempo. Por estas semanas, su ópera prima, ¿Cómo te llamas?, se presenta en algunos de los cines del circuito alternativo en Colombia. La película, parece (basta con hacer un sondeo por la red y por algunas publicaciones impresas), se ha defendido en el nombre de una historia de amor entre dos mujeres. La película, en realidad, se detiene en el desgaste de ese amor. Es un film que se pregunta, al mismo tiempo y sin miedo de que la cantidad de asuntos sobrepase la lógica y la calma que se propone, por todas las emociones que una relación amorosa puede suscitar. En este portal ya había aparecido una crítica a la película que puede encontrar acá y que invitamos a que lea. A continuación un diálogo con la novel directora.
Dos invitados, Octavio Tejeiro y Juan Sebastián Abril, se han sentado con Ruth Caudeli para hablar de algunas cosas de la película.
Ruth Caudeli
Ruth Caudeli en el set.

 

Octavio Tejeiro: ¿De dónde nace la idea de hacer ¿Cómo te llamas??

Ruth Caudeli: Del interés de observar a las parejas. Cada una tiene sus propias maneras de relacionarse, vemos que una pareja está sintiendo una cosa, y en el interior de su vida las cosas son muy diferentes. A partir de ahí empecé, con una disección de pareja.

O.T: Vemos en ¿Cómo te llamas? un estilo muy limpio y artificial. ¿Cómo es tu aproximación a lo que llamamos estilo? 

R.C: Yo no sé si puede llamarse un estilo, puede que sí. Yo normalmente me planteo un rumbo, un norte, todas las decisiones las tomo con base a ese norte. En este caso, el norte era la verdad, mostrar a una pareja de manera verosímil, que los espectadores sintieran empatía y se vieran reflejados. A partir de esa idea de verdad se construyó absolutamente todo lo que venía después. La propuesta visual vino de la mano de esa idea.

O.T: La película tiene una gran cantidad de escenas íntimas entre los personajes. ¿Cuál es tu proceso para decidir cómo comportarse en set alrededor de estas escenas? 

R.C: Nuestro principal objetivo a la hora de conformar nuestro equipo, tanto actoral como crew, fue tratar de enamorarlos con la historia para que se apropiaran de ella y que a partir de ahí el trabajo pudiese fluir de una mejor manera. Siempre fuimos directas en la comunicación de la manera cómo íbamos a trabajar en set porque teníamos muchas escenas de intimidad, y era chévere mantener un ambiente casi que familiar. Por lo tanto, lo que hicimos con este equipo que teníamos fue formar una familia para que, cuando las actrices se sintieran rodeadas de cualquier persona de nuestro crew, se sintieran en familia. Había mucho desgarro emocional, ellas necesitaban sentirse en un ambiente íntimo y de confianza.

O.T: La película presenta una idealización del ámbito laboral: vemos a una directora de cine internacionalizada y exitosa, pero esto va en contra del mundo personal de los personajes, que es notablemente fatalista. 

R.C: No fue la idea inicial mostrar esas contraposiciones. La idealización sale de los sueños, ese concepto de sueño es intangible, es muy lejano y difícil de lograr. Tenemos que potenciar los sueños. Me entristece ver que muchas personas dejan los sueños en esa esfera de que no van a acceder. Mi punto era seguir a dos mujeres que no se cansan de soñar. Cuando yo era pequeña quería ser directora, cuando rodé la película dije: Wow, los sueños se cumplen. Si se sienten idealizados es porque yo siento que es muy difícil cumplir los sueños, y creo que cuando se cumplen uno vive en un estado de idealización. Quería mostrar también dos mujeres empoderadas, mujeres que luchan por eso sueños, trabajadoras, fuertes, con carácter. Me gustaría pensar que pueden conseguir esos sueños, sin pensar tanto en si son idealizados o no. 

O.T: Siendo española, ¿cómo es crear una historia en un entorno que no es el tuyo, el propio?

R.C: Cuando se planteó la historia se pensó como una historia universal. Puede pasar aquí, en Colombia, y en otra parte del mundo. El contexto colombiano está adaptado, me rodeé de un equipo actoral que en el momento donde algo se sentía extraño me ayudaban. 

O.T: ¿Qué tan fácil o difícil es producir cine en Colombia? ¿Cómo es la relación con los productores? ¿Sientes que todos estos factores de alguna manera afectan a tu película?

R.C: ¿Cómo te llamas? es una película independiente, como todas las películas independientes toca ‘guerreársela’ para poder financiarla. Esto no es una perspectiva desde la producción, sino más desde creación, las taras de temas de financiación lo único que hicieron fue retarnos más. Fue difícil, pero creo que eso nos hizo ser más creativos, buscar recursos en espacios no tan tradicionales, eso fue maravilloso. Yo vine precisamente porque sabía que la industria cinematográfica en Colombia estaba en expansión, igual nunca deja de ser un asunto difícil y, por supuesto, en España también lo es. En el camino tuve la oportunidad de encontrarme con una productora de una trayectoria muy amplia en el sector cinematográfico y televisivo colombiano que es Ana Piñeres, ella tiene una trayectoria de 20 años. Eso fue una gran oportunidad, Ana se metió de lleno en la historia y toda su experiencia fue vital para que lo que fuera ensayo y error, antes de que se produjera el error, pudiéramos reconducirlo a una opción más viable. No nos estrellamos tanto gracias a ella. Fue una suerte, no sé si eso me hubiera podido pasar en otro país. Si uno tiene diez millones de dólares va a querer quince, siempre vas a quere más, pero creo que cuando no tenemos tanto nos volvemos recursivos.

O.T: El mundo que plasmas en la película justamente es de mucho éxito. Llevándolo un poco a la financiación ¿Cuáles son esos retos de retratar unos mundos de cierto privilegio y cómo es tratar de retratarlos con esas dificultades económicas? 

R.C: Todo eso se logró gracias a la recursividad. La Universidad Jorge Tadeo Lozano nos ayudó mucho, también contamos con el apoyo de muchos estudiantes. Fue maravilloso. También tuvimos la colaboración del hotel Marriott, que se logró a través de la Cámara de Comercio LGBTI, que nos apoyó cediéndonos el espacio. Eso permitió que el presupuesto no aumentara.

O.T: Se puede notar la influencia del cine norteamericano independiente hecho por parte de empresas productoras como Blumhouse, A24; lo que llaman el ‘indie filmmaking’. ¿Qué cine te alimenta para usar luego en tus propias piezas?

R.C: Yo trato de ver mucho cine. En este momento precisamente estoy volcada al cine independiente norteamericano, aunque soy fanática de casi todo el cine español. ¿Cómo te llamas? tiene una influencia de pocos recursos y personajes potentes. Me parece que la distribución de los proyectos de A24 es maravillosas, yo veo ese sello y sé que es una película que voy a disfrutar. Una clara influencia fue Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010), que roza lo independiente. Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008) también, a pesar de que es el otro extremo de la financiación. El trabajo de Drake Doremus, con películas como Like Crazy (2011) con sus actores también me inspiró mucho. Estas películas nutrieron las maneras como yo quería aproximarme a las actrices. Todo este cine es a lo que a mí me gustaría llegar, siento que cada vez me aproximo más. Hace menos de un mes terminé de rodar mi segunda película, que creo que todavía está más inmiscuida en esa vertiente. No sé qué pase dentro de cinco años, pero en este momento es el cine que estoy viendo. También puedo irme a ver A Star is Born (Bradley Cooper, 2018) o El Cliente (Asghar Farhadi, 2016).

O.T: Algo que nos pasa a todos tiene que ver con las expectativas. Uno escribe algo y filma otra cosa, se imagina algo y queda otra. ¿Cómo se lidia con eso? ¿Cómo te sientes tú sobre la película?

R.C: Yo estoy contenta con el resultado. Trato de no visualizar tanto la pieza final, sino lo que la historia va pidiendo. Es la historia la que pide, a veces grita algo y ahí uno trata de ceñirse al guion, pero también se improvisa, vienen todas las etapas de producción, luego la postproducción, y todo lo que habías pensado se busca en la forma. Todo está en nuestra cabeza, yo puedo imaginarme algo pero trato de construir en común, no imaginar tanto. Me gustar ir viendo cómo salen las cosas, cuando uno imagina luego viene la frustración, que no significa que no imaginar la película total te salve de hacerlo peor. Siempre probable que el material esté mejor de lo que habías imaginado, pero por cuestiones de ego uno no ve lo maravilloso que tiene al frente. 

O.T: ¿Qué quisieras que el público colombiano encontrara en la película?

R.C: Me gustaría que sientan algo. No sé qué, que entren a la sala y se les mueva algo. Positivo, ojalá. Negativo, es algo. Yo cuento historias para generar una emoción. Me gustaría que la gente pueda ver que una pareja del mismo sexo es igual que otra pareja. Esa es una finalidad. Ojalá pasase para las personas que todavía tienen tabúes, que todavía ven la sexualidad como algo prohibido, como algo que hay que rechazar. Para eso es el arte, el cine. Para remover algo, para quedarse pensando y luego llegar a conclusiones propias.

 

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¿Cómo te llamas?
Afiche de la película

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