El ciudadano ilustre


El señor Daniel Mantovani ha ganado el premio nobel de literatura por primera vez en la historia de Argentina. Sus novelas reflejan la vida cotidiana en Salas, su pueblo natal, un pueblo latino como cualquier otro. Mantovani partió de allí a los 20 años y no ha retornado hace 40. Su deseo de escapar desde joven de aquel lugar, lo ha llevado a mantenerse al margen de todo lo que allí ocurre y de sus habitantes, y a refugiarse año tras año en varios países europeos hasta llegar a Barcelona, en donde lleva una vida en apariencia tranquila y bastante acomodada. Pero “irse no es dejar de estar”, dice Mantovani. A pesar de la distancia espacio-temporal entre él y su pueblo, sus personajes siempre han permanecido allí.

5 años después de la entrega del premio nobel de literatura, Mantovani recibe una carta de invitación al aniversario de su pueblo, en donde quieren nombrarlo Ciudadano Ilustre de Salas y vincularlo a unos eventos durante su visita. La trama de la historia se da precisamente durante la estadía de Daniel allí, donde tiene que enfrentarse a los viejos amigos y las viejas historias de amor jamás cerradas, a la vez que pasará constantemente de sus costumbres “distinguidas” y en algunos casos “eurocéntricas”, a las dinámicas cotidianas de su “caótico” pueblo latinoamericano.

La película puede ser vista como un encadenamiento de mundos paralelos que se acercan y alejan continuamente, y en los cuales se confunde la realidad con la ficción: la realidad diegética (la historia de Mantovani), la ficción literaria de Mantovani dentro de la realidad diegética (las novelas del escritor) y la realidad afuera de la realidad diegética (con la “real” publicación del libro El Ciudadano ilustre por el escritor ficticio Daniel Mantovani en Argentina). La narrativa nos revela la posibilidad de caminos e historias que se bifurcan y entrelazan al estilo borgiano reflejando las situaciones surrealistas de la cotidianidad latinoamericana.

Del Sur de Europa al Subdesarrollo…

 Mantovani sale a caminar por las calles con su libro en manos. La cámara objetiva al hombro y el sonido de las calles conectan al espectador como si fuese un testigo presente en la escena. Las tomas alternadas en primer plano de las casas de una planta, muestran un típico pueblo latinoamericano. El sonido diegético enmarca a su vez esa sensación familiar del lugar: sonidos de vendedores ambulantes, perifoneo, perros callejeros, etc., lo que produce una cercanía con el personaje y con los acontecimientos, a pesar de las situaciones casi surrealistas que puedan presentarse.

Daniel camina con pasividad e incluso ligereza el primer día en Salas, pero se sentirá cada vez más abrumado con los pequeños detalles del “desarrollo latinoamericano”, que son para él, intrínsecamente, signos del pasado. Televisores con tecnología antigua y aire acondicionado de los años 80’, aromatizadores en spray, desfiles con la reina del pueblo, intensas invitaciones, un video hecho en su honor con estética de los años 90’, chocarán con la vida sofisticada, la intimidad y el individualismo al que se ha acostumbrado el escritor en los últimos años.

Mantovani es pues, un personaje que refleja la paradoja misma o el conflicto entre mundos con miradas muy diferentes del desarrollo. Refleja también posibles contradicciones entre la erudición por lo foráneo y las dinámicas latinas particulares. A pesar de estar en contra de las jerarquías, monarquías, protocolos, etc. el personaje se ve continuamente involucrado en situaciones en las que se le otorgan cuidados y atenciones especiales y se le exige a su vez entrar en consonancia con situaciones éticamente reprochables y manipuladoras.

Ejemplo de esto es su participación como jurado en un concurso de arte, en el que al fin de cuentas se le pide que valore los trabajos de acuerdo a la posición del “artista” en la comunidad, o a la conexión religiosa o sentimental con lo representado (la imagen del papa o el cuadro de la esposa del contador), más que en base a un juicio estético o crítico de los mismos. Muy rápidamente se irá desdibujando su imagen enaltecida y tendrá que enfrentarse a los intereses políticos de algunos que señalan sus “gustos pictóricos como subordinados a los usos y costumbres de afuera”.

 

 

 

 

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