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Dos nuevas películas

MIRE A VER

Una colombiana y la otra francesa. Dos películas, galardonadas, que se estrenarán los próximos días y que merecen ser vistas más de una vez.

“Un momento de amor” titularon a la película de la cineasta francesa Nicole García, que estrenó en el Festival de Cannes del año pasado. Basada en el libro de la escritora italiana Milena Agis, “Mal de Pierres”, lo que se conoce como enfermedad de cálculos renales. Son unas piedras que causan un dolor tremendo sino se extraen, con operación quirúrgica, aunque, la sabiduría popular aconseja distintas maneras naturales de hacer expulsar estas piedras que causan tanto dolor en el organismo. A esta dupla femenina, Agis-García, se une la estupenda actriz francesa Marion Cotillard. Y comienzo con la cinta francesa porque a la salida del ensayo de prensa las opiniones se dividieron de manera radical. A la gran mayoría de los hombres no les gustó la propuesta de Nicole por poco creíble, aburrida y romanticona, más o menos así la calificaron. La actuación de Marion también fue criticada como poco convincente. Entre tanto, a las mujeres nos encantó. No podía ser de manera diferente. Se trata de una apuesta por el amor y en general somos las mujeres las que nos apuntamos todos los días en este desafío. Es el amor que persigue Gabrielle, la protagonista. Un amor al que la directora le otorga rostros distintos y opuestos. Un amor histérico, resignado, loco, apasionado, tontarrón, aburrido, retador, amargado y hasta se observa un amor paterno que opaca al materno, lo que no es común. El drama de Gabrielle es que, desde muy pequeña, influenciada por muchas lecturas de novelas, de poesía, busca con desesperación el amor. El amor materno no lo encuentra porque para su madre su hija ha sido muy rara. No solo la enfermedad sino el deseo de leer, de estar sola, de no socializar y la madre tampoco es que sea la más amorosa. Del padre tampoco recibe ni amor ni comprensión, es un ser ausente, aunque haga presencia. Tal vez, su hermana, es la única que desde pequeña conecta con ella. El matrimonio “convenido” con “temporero” español, José, no es la solución, pero se realiza.  España no era considerada, en esa época, de Europa.

José es un hombre guapo, pero en extremo silencioso, que huye de la Guerra Civil española en donde luchó al lado de los republicanos, pareciera no ser el mejor partido par Gabrielle.  Se supone un desencuentro de entrada, aunque el bueno de José logra neutralidad. Gabrielle ni lo odia ni lo desprecia. Su convivencia parece serena, aunque distante, silenciosa, ausente de muestras de cariño. En el sanatorio, en donde someten a Gabrielle a una curación con métodos naturales, para su mal de las piedras, ella encuentra al gran amor de su vida, al que ha buscado con desespero día a día. Y ahí viene la magia del cine. La habilidad de la directora y de su actriz. Una relación que terminará mostrando que cuando se ama el amor, todo puede suceder. Y como en toda cinta romántica, todos terminan felices, aunque el drama ha rodeado esa relación dominada por la indiferencia que, tal vez, por esto es que ha logrado arribar a buen puerto. Buena. Interesante. Inesperada. Cálida.

X500 del colombo-canadiense Juan Andrés Arango, cuya opera prima La Playa D.C, entró pisando fuerte, con varios premios y con muy buena crítica, explora tres universos geográficos, sociales, políticos, económicos diferentes, de jóvenes muy distintos pero que comparten un no futuro, una orfandad de padres, pero también de patria, de intereses, de posibilidades de ser. Una película muy bien hecha, realizada con precisión en la descripción de los detalles de la vida de tres jóvenes en Montreal, Ciudad de México y Buenaventura. La cámara se regodea en sus rostros. En sus expresiones y en su figura. Dureza en su mirada, similar a la vida en estas ciudades para muchachos que no han podido o no han querido estudiar. Jóvenes que son blancos apetecibles de esas bandas de delincuentes que nos rodean, que nos están asediando. Aquí y en todo el mundo. Pinceladas de ternura y de cariño, casi siempre por sus iguales,en esa selva que se abre dispuesta a tragárselos sin oposición alguna. Un campanazo de alerta para analizar con otra mirada a esos esos jóvenes que vemos en las calles de grandes, medianas y pequeñas ciudades, sin sentir un poco de compasión. Se les condena sin juicio. Por llevar los pelos pintados, el cuerpo tatuado, la ropa rota, por ser distintos, sin alcanzar a pensar que quieren llamar la atención, que están buscando un camino, una oportunidad, un futuro que los aleje del crimen, de la droga, de la calle, ese asfalto duro por el que deben transitar solos, sin una mano que los acaricie y los comprenda. Ojalá X500 consiga que el público acepte su propuesta de ver, de indagar, de conocer un cine distinto al norteamericano. Si bien, la narración de lo que sucede con los jóvenes y niños en Buenaventura puede ser la más cruenta y cruel no podemos rechazar ese espejo de lo que sucedió y que aparentemente, gracias a la denuncia y a la intervención de Ongs y del Estado, se ha terminado, tenemos que encarar ese espejo que nos devuelve una realidad atroz, espantosa, en donde el respeto por la vida, el más sagrado de los derechos, como decía Mockus, está siendo pisoteado y los seres humanos terminan siendo asesinados como animales y peor, sin que haya indignación general.

Paisajes, locaciones, espacios geográficos escogidos con cuidado que hacen que valga la pena ir a cine no solo a encontrar narrativas distintas sino sitios a los que difícilmente se puede acceder sino es a través de la pantalla grande. Satisfacción de un cine colombiano, con marca de primera, desarrollado, maduro, así la historia de Buenaventura nos remita a una edad bárbara y criminal, de la que no salimos del todo.

Myriam Bautista G.

Periodista. Colaboradora El Tiempo Debes Leer

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