DALIDA: LA MUJER TRÁGICA Y DECANTE

Por Juan Sebastián Abril*

 

La realizadora francesa Liza Azuelos estrenó en 2016 este filme que narra la historia de la legendaria y exitosa Dalida, reconocida cantante francesa nacida en El Cairo y que vendió más de 130 millones de discos a nivel mundial durante un periodo que comenzó en los años 50, cuando la artista conquistó las listas de música a nivel mundial con sus baladas melancólicas que demostraban un poderoso alcance vocal, atributo que la mantendría en el centro de la industria del entretenimiento europeo hasta 1897, el año de su muerte. La película se centra en el carácter trágico y desdichado que la cantante sufrió a lo largo de su vida.

 

En Dalida somos testigos de una tragedia (común, que ya hemos visto) y semejante a lo que representa la estrella/protagonista que padece de un existencialismo escueto provocado por su talento y su figura artística; la película comienza con un infortunado detonante que da paso a una narración amplia sobre la vida de una niña que sufre burlas de sus semejantes, observamos a Dalida, cuyo verdadero nombre es Iolanda; luego, algunos años después, contemplamos la misma situación: ya no son niñas las que la rodean sino una docena de fotógrafos sedientos de fama y escándalo.

El problema con Dalida es que se conforma con ser la historia de vida trágica – y un tanto morbosa– de una figura de la cultura popular. El tratamiento visual, al menos, no le permite ser sensacionalista pero amenaza siempre en convertirse en un retrato superficial y desastroso. Azuelos tenía una historia maravillosa, extensa y fascinante; las historias de artistas y celebridades son delicadas, vulnerables, por eso mismo es que películas como Dalida no logran movilizar alguna conmoción en el espectador, porque la película es facilista y se encarga de mostrar una reiteración del artista trágico. No hay novedad, hay  una adaptación desinteresada de un guion que suponemos mejor.

Los mejores momentos del filme son aquellos en donde Sveva Alviti, la actriz, deja evidenciar una poderosa interpretación, arruinada por la dirección de Azuelos. La película a su vez explora una femineidad empoderada frente al acoso del poder masculino, otro punto a parte de esta historia que deja en claro la búsqueda que Dalida enfrenta a lo largo de su vida por una figura masculina que intente subsanar aquellas faltas que se produjeron en su infancia. El romance también es otro elemento que construye la personalidad de la cantante, siendo este el enemigo claro de sus deseos más inmediatos de encontrar la felicidad absoluta. Todo es triste, incluso en las situaciones más dichosas y prósperas el personaje sabe que al final de cada una de ellas se va a encontrar con el infortunio y la fatalidad.

Dalida también sufre de una comparación inevitable con sus referentes más cercanos, y es que  no pueda llegar a ser más grande que aquellas que ya sentaron un precedente en la realización cinematográfica. Películas como La môme (2007) acertaron con propuestas visuales que ampliaban e inspeccionaban el conocimiento popular de grandes artistas, aquí no vemos solo a una Edith Piaf triste y decadente sino que también experimentamos junto a ella los altos momentos de su vida. A la película de Azuelos le faltaron momentos genuinos de humanidad, al personaje se le pudo haber regalado al menos la opción de mostrarse como un personaje trágico pero consciente de su mismo proceder. En cambio lo que nos queda para pensar es que a Dalida le gusta sufrir y lo hace hasta el final.

 

 

*Articulista invitado. Adelanta estudios de Comunicación Social y escribe regularmente en www.abrilcinema.com

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