(Crítica) Neruda

Uno de los mejores directores del cine latinoamericano, el chileno Pablo Larraín, tuvo la osadía de acercar algunos rasgos de la imagen del poeta y del político, al espectador en este film lográndolo acertadamente:

Presenta aspectos de esa rica personalidad del hombre que en 1948, en tiempo de la guerra fría, siendo Senador, se atrevió a acusar al presidente González Videla de traicionar al Partido Comunista y por eso se ordenó que lo apresaran.

Después de un tiempo en la clandestinidad huye a Europa y allí escribe su épico Canto General. Perseguido, y apoyado por los artistas liderados por Picasso, se convierte en un símbolo de libertad.

Luis Gnecco (Neruda), en estupenda interpretación, presenta al poeta contradictorio, lujurioso, crítico y comprometido militante.

Larraín, lo contrapone a Gael García (Oscar Peluchonneau, el policía perseguidor), quien por todos los medios busca atraparlo en su huída. Gael García vive su papel, con mirada inquisidora y abundante imaginación. Tal vez su actuación tiene un exagerado protagonismo en las secuencias finales de la película.

Aparece en varias escenas Delia (Mercedes Morán), el amor de Neruda, quien influyó en muchos aspectos de su vida y en su compromiso político.

La ambientación, vestuario y costumbres trasladan al espectador a esa época.

Vale la pena apreciar desde hoy esta película sobre el Premio Nobel de literatura de 1971.

 

 

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