Café Society: declaración de amor al cine

De Woody Allen me gusta su franqueza, su humor un poco, o más bien muy ácido, su cinismo y su modo de leer las relaciones humanas. En Café Society me gustó, además, su melancolía, romanticismo y la declaración de amor que le hace al cine, que ha sido su vida, con todo y el mundillo superficial que lo rodea y al que no tiene problema en hacer mención. Todo, eso sí, con elegancia y sus clásicos chistes cargados de sarcasmo e inteligencia.

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Esta película resulta ser un relato nostálgico alrededor de la perdida de la inocencia, del amor y el desamor, además de la búsqueda de un lugar en el mundo. Phil Stern, busca perpetuarse como el representante de Hollywood más acaudalado y solicitado, mientras busca estar con el nuevo amor de su vida. Bobby, en cambio, deja la ciudad de New York para saltar a la pretenciosa Los Ángeles sin tener muchas ambiciones hasta que se enamora. Ambos se sienten cómodos y son fieles a lo que son, como también el resto de personajes. Ambos se frustran y entienden la vida cómo es “una comedia escrita por un comediante sádico”.

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Woody Allen retrata a la sociedad americana, a las relaciones de pareja, a los conflictos existenciales. Lo hace con su particular estilo. En esta oportunidad acompañado de una gran fotografía, una hermosa banda sonora y un elenco con una química extraordinaria que hizo la tarea, comenzando por el gran Steve Carell y complementando con Jesse Eisenberg y con la encantadora Kristen Stewart, una actriz que defiendo del encasillamiento que algunos quieren imponerle, porque a decir verdad, tiene talento de sobra.

En Café Society tenemos la nostalgia de Hollywood en los años 30 y la referencia al cine de gánsteres que tanto me gusta. Todo se combina perfecto para que esta cita anual de Allen con el cine sea suficiente para mí.

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