BOGOTÁ CINE-DIVERSA

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(Foto: Mauro Rivera)

2014 será recordado en Bogotá como un año cumbre en el cine, y esta vez no quiero referirme a la creciente y diversa producción cinematográfica nacional, sino al mayúsculo crecimiento en exhibición alrededor de la ciudad y que, como resultado, está dando no sólo acceso a algunas producciones que de otra forma no llegarían, sino también estimulando una mirada diversa y tolerante en la audiencia.

Quiero que recordemos que hace no más de una década, para poder ver películas independientes, europeas, asiáticas, documentales o de algún género de culto en Bogotá, la oferta era extremadamente limitada. Las únicas alternativas eran (si teníamos suerte) que fueran programadas en Avenida Chile y Cinema Paraiso; o tal vez, que en la Cinemateca Distrital, la Sala Fundadores o la desaparecida Sala Los Acevedo del MAMBO, organizaran algún ciclo donde proyectaran las cintas que ansiábamos con ver. Eso sí, teníamos que acostumbrarnos al hecho, que serían exhibidas con un año o más de atraso a su estreno original.

LA NUEVA FORMA DE VER CINE EN BOGOTA

Un poco cansados por las limitaciones anteriormente expuestas, sumadas a las ganas de brindar al público nuevas experiencias, y obviamente, por la oportunidad de negocio que representa; algunos amantes del cine y empresarios, se pusieron en la tarea de importar nuevas formas de consumir cine, que de cierta forma, “revolucionan” la industria de la exhibición de cine en la capital.

Particularmente, estoy hablando de los cinemas alternativos: Cine Tonalá y la CineHuerta: y los Festivales de Cine: IndieBo, Ambulante Colombia, Alta Fidelidad, Creative Commons, entre otros. Estos, son proyectos que están comprometidos con traer cine de calidad y de diferentes miradas, a pesar de que sus bolsillos no terminen rebosantes. ¡Unos verdaderos valientes!

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DIVERSIDAD

Siempre he creído que el cine en Colombia se va a consolidar como industria, en el momento en que haya una reciprocidad entre producción, exhibición y crítica, que amplíe la diversidad de lo que se consume y que, al final del día, termine alimentando la tolerancia y la sensibilidad del consumidor final: El espectador.

El autor español Miguel de Unamuno decía: “El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando“, el vivió hacia finales del siglo XIX y principios del XX, y corro el riesgo de hacer una burrada, pero me atrevo a decir que el cine tiene el poder de “unir” esas 2 curas en una sola “dosis”. La diversidad nutre, la diversidad alimenta el espíritu y nos saca de la ignorancia.

A propósito, el psicólogo croata Mihaly Csikszentmihalyi, que ha venido estudiando el proceso creativo en el hombre por mucho tiempo, tiene como una de sus grandes conclusiones, que la diversidad es vital para crear, ya que si uno se mantiene en la misma rutina y temática todo el tiempo, difícilmente se vislumbrarán nuevas alternativas para solucionar problemas.

Si el espectador no tiene alternativas, nunca se va poder atrever a ver algo nuevo. Y ese ha sido el gran pecado de la exhibición nacional por mucho tiempo: sólo programan a Hollywood, que en su gran mayoría es para echar a la caneca. Necesitamos nuevas miradas, nuevas sensaciones y menos rutinas. Menos cintas que contribuyan a la polarización y más películas que nos muestren que la vida realmente viene en grises.

 

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