Armero, un desastre cinematográfico.

La mañana del 14 de noviembre de 1985 el país despertó con la noticia de uno de los desastres naturales más terribles de su historia. El volcán Nevado del Ruiz había hecho erupción produciendo una avalancha que había borrado del mapa a la población de Armero. Las imágenes de esta tragedia cambiaron para siempre nuestra vida; por días seguimos con dolor a sus protagonistas, sufrimos frente a la impotencia de ver a la dulce Omaira fallecer tras tres largos días de lucha, sus muertos fueron nuestros muertos y quedaron para siempre en nuestra memoria. Por esta razón llevar estos hechos a la gran pantalla y rendirle así un homenaje a las víctimas, era sin duda una idea excepcional. Sin embargo, en el cine no bastan las buenas ideas, estas hay que plasmarlas en un guión consistente y coherente y éste a su vez transformarlo en lenguaje cinematográfico y Armero, del director Christian Mantilla, se queda solo en una buena idea muy mal ejecutada.

 

Armero parte de un guión un tanto cursi, romanticón y mal estructurado que se centra en la historia de amor entre Omaira (Inspirada en la sobreviviente Omaira Medina) y su esposo, quienes enfrentan una crisis al no poder tener hijos. A través de su historia el director busca acercarnos a lo vivido los días antes, durante y después de la tragedia, sin embargo la película se limita a contarnos, muy al estilo de telenovela mexicana, las frustraciones de la joven pareja, no sin dejar de agregarle elementos fantásticos que pasan por la brujería y los milagros. Mantilla (también guionista) se engolosina con la historia, le da vueltas y vueltas y deja en un muy segundo plano los hechos que marcaron realmente la catástrofe, como la negligencia de nuestros políticos, la cual solo toca de manera superficial.

Aunque como bien decia Kurosawa “con un mal guión, incluso un buen director es incapaz de realizar una buena película”, el hecho de que fuera la primera producción sobre la tragedia de Armero, hizo que mientras la veía buscara inutilmente algunos elementos cinematográficos que la rescataran. Pero Armero tiene demasiados pecados que no le hacen bien al cine colombiano, por ejemplo, los tan anunciados efectos visuales por computador (CGI), en vez de conmoverme me hicieron pensar en los gráficos de juegos como Fifa 2006. Entiendo que había poco recursos económicos para esto, esa es la realidad de nuestro cine, lo que no comprendo es ¿por qué empecinarse en usarlos si son tan deficientes?, sinceramente con los efectos de modelado, claramente mejores, habría sido suficiente.

Ahora bien, en cuanto al tema que tanto me apasiona, la aplicación de la música en el cine, solo puedo decir que Armero es un desastre de magnitudes inimaginables, donde se cometen todos los pecados posibles; claramente ni el director, ni los productores conocen cuál es el objetivo, el sentido de la música en la narrativa cinematográfica. La música de la película es una colcha de retazos de temas épicos y melodías cursis sin ninguna unidad narrativa, que solo busca acentuar el sentimentalismo, otra característica robada de las telenovelas. De hecho lo primero que pensé es que no podía haber un compositor de cine detrás de ella, sino que la música había sido tomada de un “playlist” con temas generalizados clasificados en “Romántico”, “épico” o “Inspiración” como se usa en los trailers o nos ofrece youtube al editar un video.

Para mi sorpresa en la ficha técnica tras el crédito de “Música Original” aparecía el nombre de Igor Uskokovic, la única explicación posible era que el músico no había visto la película y que solo había respondido a un requerimiento arbitrario de temas generales, ahora bien viendo la página del compositor (http://www.soundtracklab.com) parece que esa es su forma de hacer música audiovisual, colocando la televisión, los videos, trailers o instalaciones en el mismo saco.

La música cinematográfica, no es un elemento al azar que se usa por capricho, sino que debe responder a lo que la película y su universo narrativo necesitan, con una unidad de criterio, no puesta por llenar espacios ni por mostrar pomposidad, ni virtuosismo, en la música como en todos los aspectos del cine, aplica la máxima de “menos es más”.

Por último debo reconocer dos aspectos de Armero que llamaron mi atención, el primero es su indudable éxito en taquilla, lo que definitivamente es un acierto en la promoción y la publicidad que otros proyectos cinematográficos deberán revisar;  el segundo es la poca existencia de críticas de expertos sobre esta película, hay artículos informativos, entrevistas, pero la crítica colombiana poco se ha pronunciado, lo que inevitablemente me cuestiona sobre el papel del crítico en la “industria”, ¿acaso no es señalar los aciertos y los errores en pro de nuestro cine?.

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