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ACTORES PROFESIONALES O ACTORES NATURALES

Una reflexión sobre los intérpretes en nuestro cine Colombiano

El actor natural no tiene por qué conocer las técnicas de Stanislavski, Grotowsky, Meyerhold, o Barba; él conoce su propia realidad que interpreta día a día como individuo en el contexto social que le tocó vivir, y qué en algún momento termina coincidiendo con los intereses de un director para contar determinada historia en la pantalla. El actor profesional sí conoce esos nombres. sus estudios y/o teórias, pues le han aportado a sus entrenamientos para recrear personajes en escena, los personajes que un director articula en la construcción de la historia que pone en pantalla. Como vemos,  es el director quien determina el insumo actoral que mejor pueda interpretar el contenido dramático que reclama la historia en sus manos, después de todo, ¿quien la ha escrutado mejor, y la conoce al detalle, si no él, quien está al mando del proyecto audiovisual?

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Ahora bien,

Un actor natural debe familiarizarse tanto con la cámara hasta ignorarla para desarrollar una escena sin arriesgar esa naturalidad que es justamente la que le otorgó el papel. Un actor profesional debe compenetrarse tanto con la realidad del personaje al que va a interpretar para lograr la credibilidad demandada. Ambos encaran un reto.

Un actor profesional ha adquirido las herramientas con las cuales explorar y explotar un personaje para potenciarlo en beneficio de la historia, está en condición de colaborar con el director. Un actor natural depende enteramente de lo que el director consiga sacar de él para mostrar toda la verdad que alberga su vida misma, y aún su físico. Ambos se confrontan a sí mismos.

Un actor natural gana la oportunidad de probarse en un oficio que podría o no haber considerado antes. Un actor profesional ya decidió vivir del arte escénico. Ambos asumen compromisos con distinto nivel de entrega.

Un actor profesional puede tener seguidores por causa de su trabajo previo, lo que motiva a los espectadores a ver su nueva interpretación, aspecto que puede contribuir a la difusión de la película. Un actor natural eclosiona para el medio y los espectadores que se hayan interesado en conocer la historia en pantalla, quizá, despierta curiosidad aproximarse a su origen real. Ambos en distinta medida aportan a la divulgación de la película.

Y en este orden podría seguir listando aspectos comparativos entre los dos tipos de actores. Pero quiero detenerme para volver al comienzo y preguntar:

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¿Conocen los directores las técnicas de Stanislavski, Grotowsky, Meyerhold, o Barba, dentro de otros aspectos de dirección de actores, para tomarlos en cuenta al momento de elegir quienes interpretarán los personajes de sus historias? Porque me parece que los realizadores audiovisuales en nuestro país, especialmente los más jóvenes, están menospreciando la calidad de la formación de los actores profesionales, y sobrevalorando el impacto de realismo que puedan causar en la pantalla hombres y mujeres anónimos conduciendo una historia. Y creo que este aspecto es quizá uno entre otros, como la repetición de temáticas, lo que no está dejando conectar al público con algunos trabajos del cine colombiano, llevando equivocadamente al espectador común a creer que nuestro cine Colombiano no lo están haciendo actores, sino improvisadas victimas contando sus penurias fruto de nuestra desigualdad social.

No quiero con esto cuestionar la genuina discresión que cada director tiene para seleccionar su reparto y darle a su obra el matiz dramatico que considera mejor, pero sí invitarlos a análizar con más precisión el verdadero valor dramático que un actor natural le aporta a la historia para que está sea vista por el público y lleve el mensaje que se quiere transmitir. Porque en Colombia contamos con un gremio de actores altamente calificado. No en vano su valioso aporte ha sido uno de los pilares del reconocimiento internacional a la calidad de nuestra televisión, y eso que esta hoy día los subutiliza profesionalmente en algunas producciones, buscando escalas de producción que no son tema de tratamiento ahora.

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Aún si el argumento fuera que una historia X de cine requiere de actores no contaminados por el trabajo frente a cámaras, viene la pregunta: ¿han visto teatro?, y me refiero al alternativo, al experimental, al de las escuelas de formación (las buenas, ¿saben cuáles son las buenas?); no necesariamente al teatro comercial, adonde por cierto, acuden a ejercitarse y crear para sobrevivir aquellos buenos actores en espera de que resulte un casting para serie o novela, o que llegue el llamado para un unitario.

Resulta inconcebible que un director de cine rehuya a contar con actores profesionales aludiendo que “son muy teatrales o muy televisivos”; de entrada suena a que no conoce el oficio de un actor, y no ha estudiado o se ha entrenado en dirección de actores, ello para enterarse que el actor es un insumo humano que presta su cuerpo e intelecto para ser transformado en un personaje con el apoyo de su director. En otras palabras, será tan teatral o tan televisivo como se le permita.

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Por supuesto que realmente hay películas que exigen de actores naturales (total o parcialmente) para ser mejor contadas. En nuestro cine Colombiano tenemos ejemplos contundentes de ello bajo la batuta de maestros directores capaces de conducir al actor natural a llevar su partitura, mientras le relatan al espectador sin desfigurar la historia. Como también es cierto y valorable que algunos actores naturales han crecido profesionalmente al punto de lograr una carrera. Pero ello no excluye que venga a lugar el cuestionamiento a nuestra corriente de nuevos realizadores sobre la conveniencia de contar en sus obras con recurso humano formado profesionalmente para la escena, porque a veces queda el sabor de que una magnifica historia no sedujo a la audiencia por la carencia de atractivo y confianza en los intérpretes, cuando para la película no era tan relevante que sus protagonistas fueran noveles en el oficio como actores.

No quiero pensar que la causa para que no se empleen actores profesionales en nuestro cine, sea el temor o escape de los directores nuevos a confrontar las propuestas del actor frente a la construcción de personajes o cualquier otro aspecto relativo; como tampoco un complejo de inferioridad ante la trayectoria de alguna figura; o cualquier otra razón vinculada al auto reconocimiento de falencias en destrezas para la dirección de actores, que eventualmente quedará evidenciada. Es decir, la preferencia por cuidar el confort y mantener el propio estatus de cabeza de un equipo. Porque el problema entonces, si sería grave.

Es que es por lo menos un poco contradictorio que veamos más actores profesionales y en formación en corto metrajes de carácter académico universitario, o en ejercicios de realización para web, y no así en los largometrajes de naturaleza independiente que llegan a salas de cine. Una circunstancia rara que no sabría explicar.

Con este punto de vista no he querido herir suceptibilidades, solo estimular un debate critico sobre la manera como estamos haciendo cine Colombiano para que llegue a la audiencia y la impactemos, esta vez desde el ángulo del recurso humano delante de la cámara, con la esperanza de seguir edificando nuestra industria haciéndola sostenible. Porque no podemos perder de vista, que si bien es un arte, cada vez hay más jovenes colombianos formandose en este arte con el propósito de vivir de él, algunos detrás de las cámaras y otros delante de ellas. Por lo tanto, todo cuanto vayamos observando que pueda contribuir a prepararnos e integrarnos mejor, debe ser compartido para nutrir nuestra experiencia.

(Las imágenes de apoyo al texto son obtenidas de la web, y reconocen el trabajo de talentosos actores y directores)

 

 

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